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miércoles, 13 de mayo de 2015

Indecisa - Capítulo 8 (D. H. Araya)

CAPÍTULO 8  


(D. H. Araya)

    En cuanto entraron, Jessica observó por sobre su hombro un segundo antes de seguir a Jack. Cuando sus ojos se encontraron con los de Richard sintió que un estremecimiento pasaba por su espalda. No supo por qué sus mejillas se sonrojaron levemente, como si hubiera hecho algo malo y él le hubiera pillado, cuando había sido justo lo contrario.
    —¿Estás bien? —Oyó la voz de Jack decir a su lado.
    Lo miró enseguida y alzó ambas cejas como pregunta. Él arrugó su frente antes de detenerse y detenerla a ella.
    Jack volvió a repetir la pregunta, Jessica lo observó unos segundos sin saber qué decir.
    —No... es... Es tu sorpresa. —Sonrió suavemente—. Todavía estoy asimilando que eres músico. ¿Por qué no me habías dicho que tocabas la guitarra y de ese modo tan espectacular?
    Jack la observó apenas un segundo con la misma expresión antes de sonreír de esa manera que hacía a su corazón latir más rápido.
    —Si te lo hubiera dicho no hubiera podido darte esa sorpresa.
    Ella se rio al oírlo y levantó la mano para acariciarle el labio inferior. Jack agarró su muñeca y le besó el dorso sin dejar de mirarle fijamente a los ojos, casi diciéndole con la mirada las cosas que quería hacerle físicamente; esta vez Jessi volvió a estremecerse, pero debido a esa mirada.
    Jack la guió a un lado de escenario. Mientras caminaban sintió un leve cosquilleo en la nuca. La estaban observando, lo sabía. Enseguida miró alrededor, pero no pudo ver, o más bien distinguir, dentro de escasa luz del lugar a alguien que la observara con tal intensidad. Eso sí, pudo captar a varias chicas observando a Jack, y de cierta manera las entendía, ¿quién no lo observaría?, pero nada más. Supuso que sería Emy, si es que ésta no se había ido ya y todavía se encontraba en el lugar, cosa que le extrañaba; la conocía lo suficiente como para saber que su amiga seguramente se habría largado nada más terminar la discusión que habían tenido, no queriendo tener que afrontar otra. Para Emy, con un enfrentamiento al día, tenía bastante. No era de las que le iban los dramas.
    Cuando llegaron al lado del escenario, el mismo chico que estaba en la batería  y que Jessi creyó recordar que se llamaba Luc, apareció por un lado y los detuvo.
    —Ya veía a estas alturas que no ibas a llegar —soltó el chico de cabello rojizo observando a Jack con una voz firme y clara, y a la vez fría; ningún matiz de sentimientos había allí.
    —Calma, hombre. —Jack pegó a Jessica más a su lado—. Tan solo he estado una hora ausente. Tampoco es para tanto.
    El chico la miró y Jessica se sintió atrapada por un par de ojos verdes. Un segundo después él la liberó y observó a Jack. Luego, sin decir nada, se alejó de ambos y caminó hacia la barra.
    —No le hagas caso. —La chica observó a Jack al escucharlo hablarle—. Luc es así. —Él sonrió y la guió hacia unas sillas. Ya frente a frente ella observó la guitarra sobre el escenario y miró a Jack.
    —Ahora tendrás que decirme más de tu secreto. —Jack alzó una ceja y sonrió de lado sin decir nada—. ¿Desde cuándo tocas? ¿Quién te enseñó a tocar? ¿Solo tocas la guitarra? ¿Estás en una banda?
    Jack soltó una carcajada haciéndola callar de golpe. Al darse cuenta de que casi no había tomado aire para preguntar, se sonrojó y a la vez sonrió. Después observó sus manos toda mortificada sin saber qué hacer, pero él tocó su rostro con dos dedos y la olbigó a que alzara la cabeza para que pudiera mirarles a los ojos.
    —Calma, ya tendrás todas esas respuestas que deseas más adelante.


***


    Richard dejó la caja de botellas a un lado de la barra y casi maldijo, desde hacía minutos que observaba a Jessica con el imbécil. Apretó la mandíbula y tomó aire para relajarse.
    —Si sigues observándolos de esa manera, te quedaras ciego —soltó una voz fría a su lado.
    Richard observó el techo como si pidiera paciencia a alguien y luego, al chico de cabello rojizo. Éste llegó a la barra para segundos después pedir algo de beber a Ryan.
    —No le hagas caso hermanito, Luc solo busca molestarte.
    Él soltó un bufido. Al igual que Ryan, conocía a Luc lo suficiente como para saber que a pesar de sus palabras no era un mal chico. Solo tendía a decir siempre la verdad, a ser condenadamente sincero, aunque doliera y molestara como mil demonios.
    El muchacho suspiró y dejó de atormentarse, se movió tras la barra, cerca de su hermano, y comenzó a ayudarle a secar vasos. Luc lo miró y apuntó detrás de si con su mano.
    —Me sigue faltando un cantante, ¿no querrías...?
    —¿Él estará en el grupo? —Luc tragó el resto de su bebida y se alejó sin decir ni una palabra. Richard observó a su hermano que sonreía de lado—. ¿Qué? —le preguntó—, ni siquiera ha contestado a la pregunta.
    —¿Si ese chico estuviera en el grupo tú entrarías, hermanito? —Negó con la cabeza enseguida—. Entonces, esa pregunta no necesitaba respuesta.
    Richard volteó sus ojos y observó a Luc llegar tras la batería.
    Pocos sabían que cantaba, en verdad podía contarlos con una sola mano, y le gusta hacerlo, solo que sabía que era una pérdida de tiempo. Observó hacia el escenario. Ya tenía suficientes cosas por las que preocuparse. Como por ejemplo una chica que poseía unos increíbles y dulces ojos de color de la miel. Suspiró. Era mejor que siguiera trabajando.


***


    Jack sonrió al ver la expresión en el rostro de Jessica, la chica quería saber todo de él y se le notaba demasiado. Aunque era dulce por eso. Él en verdad no deseaba decirle todo, le agradaba que ella se interesara por él.
    Pasó una de sus manos por el cabello y sonrió de lado, ella volvió a observarlo de esa manera que le agradaba, como si no pudiera quitarle los ojos de encima. «Bueno, eso no era de todo cierto», pensó y observó a rubito al otro lado del bar; una enorme ira se le instaló en el pecho al verlo, pues Richard lo sacaba de quicio. De hecho, estaba segurísimo, que lo que había provocado que Jessica llorara antes de llevársela a su casa, tenía que ver con él, con ese desgraciado de cabellos rubios.
    —¿Entonces...? —insistió ella. La miró enseguida.
    —Bien —soltó—, lo hago desde hace años, gatita. —Ella siguió esperando—. Solo toco la guitarra y... Mmm... —Observó hacia el escenario—. Se podría decir que estoy en una banda, aunque solo somos dos. —Apuntó con el pulgar hacia ése lugar.
    —Es increíble —susurró ella y sonrió—. Lo haces muy bien... eres... muy bueno.
    Sonrió al oírla y solo la observó; la muchacha casi parecía que quería saltar de la silla.
    —Eso me dice que serás mi fan número uno. —Ella sonrió enseguida.
    —Claro que sí. —Tras oírla confersar aquello, la atrajo hacia si de un empujón. Luego la acomodó entre sus piernas y agarró nuevamente su rostro con ambas manos.
    «¿Qué tiene esta chica que me vuelve loco?», se preguntó. Era hermosa y dulce, pero era indudable de que había algo más allí. Y él, no se la merecía. Sin embargo, reconocía que era lo suficientemente egoísta como para fantasear conque aquello que había surgido entre ambos, podría funcionar.
    Ella lo observó esperando pero él no se movió. Quería que ella se acercara a él, que si quería un beso lo tomara cuando quisiera. Ya no quería ser solo él quien devorara su boca, la quería a ella desesperada por sus besos, por sus caricias.
    Tomó aire cuando la sintió acercarse lentamente, solo que antes de que ella lograra tocarlos los interrumpieron.
    —Ya es la hora, hombre. Es nuestro turno de tocar —soltó Luc desde su derecha. Jessica se alejó enseguida y él suspiró.
    —Bien —dijo resignado—, divirtamos de nuevo al público de esta noche.


***


    Jessica volvió a ubicarse cerca del escenario, esta vez sabiendo que Richard estaba a unos metros tras ella. Se había prometido no volver a mirarlo por esa noche, y ya se estaba arrepintiendo. Constantemente se preguntaba qué estaba haciendo, con quién estaría hablando, si la estaría observando, si se habría visto de nuevo con Emy a solas. Y lo único que le impedía girarse para ver, era el chico vestido de negro sobre el escenario.
    Ella sonrió al ver a Jack tomar su guitarra y acomodar la correa sobre su hombro. Se fijó en como él observaba a su alrededor, a todas las personas que habían en el lugar antes de fijar sus ojos en su rostro. Jessica sonrió enseguida al ver su sonrisa y sintió que su cuerpo se calentaba y casi comenzaba a flotar al tener toda su atención. 
    No sabía por qué estaba nerviosa, solo que al verlo allí y saber que otra vez iba a oírlo y verlo tocar, se sentía emocionada.
    De un segundo a otro la batería comenzó a sonar. Jessica observó a Luc mover los brazos de una forma segura mientras comenzaba una canción. Segundos después Jack rasgó su guitarra y comenzó a tocar; ella casi jadeó al escucharle. Observó como lo dedos masculinos recorrían las cuerdas con tanta seguridad que quedó embobada observándolo sin saber qué hacer. Fue una chica un poco más baja que ella la que la sacó de su trance.
    Jessica sintió el empujón en todo su costado izquierdo. Su cuerpo se balanceó hacia un lado y jadeó por la sorpresa. Un segundo después una chica estaba delante de ella gritando y alzando las manos hacia los músicos. Allí notó que no era la única chica que prácticamente se lanzaba hacia el escenario. Varias, casi una docena de ellas, lo hacían. Entre uno y otro empujo ella sintió que era desplazada de su lugar preferencial y arrojada hacia atrás; un grupo de chicas la habían alejado de Jack como si nada.
    Molesta e irritada se metió entre las chicas escandalosas y de la misma manera que la habían desplazado, a empujones, regresó a su lugar.
    Jessica sopló un mechón de su cabello lejos del rostro al estar de vuelta frente al escenario. Observó a Jack a la cara y notó que él miraba a todo el público alrededor, como si quisiera asegurarse de que todos estaban prestándole atención.
    —¡Jack! —gritó justo a su izquierda la misma chica que le había dado el primer codazo. Jessica la observó enseguida y arrugó la frente. «¿Pero qué se creé?», se preguntó algo molesta.
    Como la canción terminó, todos aplaudieron. Ella también lo hizo y miró a Jack que le sonrió al verla. Un segundo después ya estaban tocando otra, más lenta y tranquila, aunque llena de energía. Jessica sentía que los acordes se metían bajo su piel, ya de por si el retumbar de la batería, su ritmo, hacia saltar su interior y ahora, cada nota musical que salía de esa guitarra causaba que los bellos de su piel se erizaran. «Es condenadamente bueno», reconoció mentalmente.
    —¿Cómo va? —dijo un voz a su izquierda; ella casi gimió. Conocía esa voz.
    Más rápido de lo que creyó posible giró su rostro en dirección a Richard que apenas estaba a unos muy pocos centímetros lejos de ella. Richard sonrió cuando captó su atención y ella tragó; su boca se había secado de repente.
    —Ahh... —No supo qué decir, todavía estaba asimilando que hacía poco más de una hora, estaba pegándose el lote con su mejor amiga.
    —Espero que te estés divirtiendo, a pesar del malentendido de antes —dijo él, ahora con semblante serio.
    —Sí, sí —soltó de manera atropellada, no queriendo sacar ése tema ahora. Quizás en otro momento. Miró a Jack y dijo—: Son muy buenos.
    Richard arrugó la frente y miró hacia el escenario apenas un segundo antes de volver a clavar sus ojos brillantes y azules en los de ella. Luego se encogió de hombros como respuesta.
    —Vamos —le dijo ella, animada por haber conseguido cambiar el tema de conversación—, debes admitir que lo son, Richard. Jack toca muy bien igual que su amigo.
    Jessica los observó unos segundos. Se tensó cuando notó que el guitarrista la observaba fijamente. Y más tensa se puso cuando éste movió sus ojos hacia Richard con la frente arrugada.
    Miró a Richard levemente más tensa que antes.
    —Bueno, sí—reconoció él. Luego, la miró y dijo—: Solo creo que les falta algo.
    Jessica lo pensó.
    —Como más miembros en la banda. —Movió la cabeza de un lado a otro—. ¿Te imaginas lo famosos que serían si consiguieran un cantante y quizás otro guitarrista? —Miró a Richard—. ¡Sería genial!
    —Te gusta —adivinó él—. La música y todo eso —aclaró.
    —Claro que sí, ¿a quién no?
    Richard observó hacia el escenario por varios segundos hasta que la miró de nuevo y sonrió como si nada; ella creyó que se estaba perdiendo algo muy importante. Al ver que él se alejaba de repente y caminaba hacia el otro lado del escenario arrugó la frente intrigada. Observó como luego de que acabara una canción él subiera al escenario y hablara con Luc. Miró a Jack enseguida por esto y se puso nerviosa. El chico tenía el cuerpo tan tenso que podía verlo desde donde estaba.
    «Esto no acabará bien».
    De repente Jack se acercó a ambos chicos que hablaban animadamente. Cuando lo vio negar con la cabeza, Jessica quiso moverse hacia ellos, no quería una pelea. Sin pensar lo que hacía, comenzó a empujar a las chicas que esperaban otra canción. Sus ojos no se despegaron de ninguno de ellos mientras caminaba. Solo que, al ver que Richard le decía algo a Jack con una petulante sonrisa en su rostro, se congeló. Jack tomó aire una vez antes de liberarlo lentamente, luego asintió con la cabeza y regresó a su lugar en el escenario.
    Ambos, Jessica y Jack, se observaron a los ojos.
    —¿Qué...? —quiso preguntarle pero se olvidó de hacerlo apenas vio que Richard seguía allí. Más aun, que él se había puesto delante de un micrófono como si nada.
    —En esta ocasión, señores y señoritas —la voz de Luc resonó en los altavoces del lugar—, vamos a hacer algo especial. Aquí, nuestro compañero, nos acompañará con su voz mientras tocamos.
    Jessica jadeó y observó a Jack.
    «Cantar. Richard iba a cantar en la misma banda que Jack...».
    No lo podía creer, apenas comprendía lo que veía justo delante de sus ojos. Pero, ¡si Richard no cantaba! Nunca lo había hecho, si fuera así todos en la escuela lo sabrían, sobre todo ella, ¿no?
    Y así, Richard comenzó a cantar.
    Esa noche Jessica se dio cuenta de muchas cosas. Que Jack era mejor persona de lo que se pensaba. Que su mejor amiga había guardado un secreto que le afectaba y que habían muchas cosas que no sabía de Richard: una de ellas era que cantaba, y otra, que lo hacía muy bien.

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