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lunes, 12 de octubre de 2015

Indecisa - Capítulo 20 (Encarni Maldonado)

¡Esa rubia estaba como una puta cabra! ¿Lo había apuñalado? Estaba harto de ese hospital y ya que iba a salir, iba una loca y le hincaba un cuchillo directamente en el estómago. Aunque le molestara admitirlo, tenía que ayudar a Richard, puesto que, al final, él solo había sido una víctima más de esa bruja desdeñosa.

El rubio y Jessica habían estado visitándolo, y apenas había podido hablar con ellos después de lo ocurrido. Debía de hablar con Richard para planear algo y mantener a Jess fuera de la vista de Noelia, pero sobre todo tenía que hablar con Jess y disculparse por su comportamiento esos días. Ese hospital había agriado su carácter, y no le gustaba ser ese nuevo Jack. 

Suspiró y miró al techo.

Alguien tocó a la puerta, sin pedir permiso, la abrió. Elizabeth asomó media cabeza a través de ella. 

Jack se puso rígido, esa mujer le imponía demasiado. Intentaba ver a Diana cuando ella estaba fuera, pues, después de todo, su hija estaba ahí por su culpa. No se habían enfrentado ni una vez, pero esa señora, las pocas veces que lo había pillado visitando a su hija, lo había mirado mal, desafiante. Pero Jack la entendía perfectamente.

—Creo que deberías saber… saber…—La señora dudó, después apretó los labios.

Elizabeth había odiado a ese chico, pero verlo postrado en una cama, como su hija hacía poco, no le reportaba ninguna satisfacción. Él había tenido la culpa de que Diana hubiese estado allí tanto tiempo, pero la pura verdad es que no parecía mal chico. Lo había visto llorar a escondidas en la habitación de su hija. Ella, antes de irse esa noche con él y tener el accidente, le había estado contando cosas sobre música, canciones y guitarras. Nunca la había visto más feliz. Y eso se lo debía a él, aunque o lo iba a reconocer, sería demasiado después de todo lo que había pasado, pero el chico tenía derecho a saber que ella había despertado de su largo letargo.

Jack tenía todos los miembros tensos, ya se imaginaba lo peor cuando Elly habló: 

—Ella está despierta. Aún no puede recibir visitas, pero si quieres pasarte más adelante…

Jack se quedó boquiabierto, ¡eso era genial!

—¿Está bien? Quiero decir que… ¿tiene alguna secuela? —preguntó desesperado por saber algo. 

—Aún es pronto para saberlo, pero todo indica que no. —Calló unos segundos, como Jack no parecía que fuese a decir nada por la conmoción en la que se encontraba, decidió irse. 

Estaba a punto de cerrar la puerta cuando Jack la apeló: 

—¡Espere, Elizabeth! —La mujer lo hizo, sin mirarlo a los ojos—. Gracias, de verdad, por decírmelo. Diana es importante para mí.

Elizabeth apretó los labios, sin saber qué decir. Al final, solo asintió levemente y se marchó cerrando la puerta.

***

Ahora que se había dado cuenta de que Jack no era tan mal tío, Richard no tenía tantos reparos en ir a visitarlo, e incluso con Jessica. La había llevado a su casa después de todo el alboroto que había ocasionado la loca esa; ahora solo faltaba que la policía la pillara por intento de asesinato.

Jack la había denunciado, pero aunque habían estado en su casa, Noelia había desaparecido del mapa, y ni sus padres ni su hermano mayor sabían dónde se encontraba. No es que le hubiesen contado nada, pero lo había visto por la tele. Ahora se dirigía al hospital de nuevo. 

Jack lo había llamado con urgencia, y estaba sumamente intrigado. Había dejado a Jessica a buen recaudo, con Lucius, y por el bien de ella, sabía que no la dejaría salir sola sin su compañía.

—Cierra la puerta —le dijo Jack nada más entrar. Richard lo hizo—. ¿Qué sabes de Noelia?

—Bien poco, pero lo más importante es que, pese a tu denuncia, no está en la comisaría ni nada parecido…

***

Jessica no se podía creer lo que había pasado; todo esto era demasiado irracional, demasiado irreal. Diana, Noelia, Richard, Jack, ella misma… 

Se había dispuesto a dormir después de que Richard insistiera en acompañarla a casa después de regresar del hospital, pero no lo había conseguido. No podía dejar de pensar en que si Noelia hubiese empujado más su cuchillo, y que si ella no hubiese llegado en ese momento, Jack estaría muerto. Después de todo, agradecía la extraña presencia de Richard en el hospital, puesto que él había sido quien había llamado al doctor… No le había preguntado por ello, pero tenía bastante intriga en saber qué estaba haciendo Richard allí si tanto odiaba a Jack, es más le había parecido muy preocupado por él.

De repente, sintió un estruendo en el piso de abajo. 

Se levantó y abrió la puerta de su habitación.

—¿Papá? —preguntó, pero nadie contestó. 

Frunció el ceño, esto no era normal. Aunque estaba descalza, bajó las escaleras al piso de abajo, a la carrerilla. No pudo hacer otra cosa que abrir la boca cuando vio el destrozo; parecía que hubiese pasado un huracán por el salón. 

Algo se movió detrás del sofá, ¿era una mano… eso que veía? 

—¡Papá! —Fue hacia él, pero antes de que llegara escuchó su voz gritarle a su espalda.

—¡Alto ahí! —dijo Noelia, y seguidamente Jessica escuchó un sonido metálico; ella la estaba apuntando con un arma, estaba segura.

Levantó las manos y se giró lentamente.

La sonrisa perversa de esa rubia era triunfal; la tenía en sus manos. Y no había nadie que pudiese defenderla de ella en esos momentos.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Indecisa - Capítulo 19 (María Orgaz)

Cuando Jessica escuchó aquellas palabras de la boca de su padre se quedó bloqueada. En su interior, sentimientos contradictorios luchaban, se sentía alegre pues era una desgracia que la chica llevase tanto tiempo en coma, pero otra parte de ella no pudo evitar que unos celos saliesen a la luz, pues era más guapa, había estado con Jack y probablemente pretendiese estar con él al haber despertado. Entonces recordó a Jack, tal vez ya lo sabía, a fin de cuentas no le habían dado todavía el alta, que se lo darían un par de horas más tarde.

Lucius supo que su hija se encontraba en una encrucijada de sentimientos, y prefirió darle un poco de espacio para que pensara tranquilamente en sus cosas. Jessica no se movió, ni se percató de que su padre ya no estaba en la habitación junto a ella. Tan solo salió de su ensimismamiento cuando sintió que el móvil vibró en su mano.

Miró la pantalla, era la respuesta de Richard.

«Lo sé. Espero que esté mejor».

Se notaba que la noticia no era plato de buen gusto para él, pero que estaba tratando de ser educado. Pero todo había cambiado para Jessica tras la inesperada noticia. Así que no dudó en contárselo.

«Diana acaba de despertar.Me lo ha dicho mi padre».

***

Richard estaba bastante contento de tener una relación un poco más cerca con Jessica aunque el moreno de la Harley estuviese de por medio, era mejor tenerla así por el momento antes que no poder hablar con ella como había sucedido antaño. La noticia del alta de Jack le traía por el valle de la amargura, pues su competidor estaría al pie del cañón para tratar de arrebatarle a la chica de sus sueños. Cuando su adorada Jessica le escribió por WhatsApp que el motero chulito iba a tener aquel día el alta, sintió ganas de estampar el teléfono contra el suelo por la rabia, pero como se había prometido a sí mismo ser mejor persona, supo que debía ser educado, para no volver a discutir con ella. Lo que no podía haberse imaginado jamás era la inesperada noticia del despertar de Diana.

Estaba un poco confuso, ¿qué pasaría a partir de aquel momento? ¿Qué haría Jessica? ¿Y Jack? ¿Y Noelia? Porque si aquella víbora estaba con las uñas sacadas porque la angelical Jessica quería estar con Jack, ¿qué haría cuando se enterase de que la comatosa novia de su hombre había despertado? Desde luego todo era un auténtico lío ya de por sí, pero encima con aquella molesta y desagradable rubia, que era tan mala como el mismo diablo, era peor.¡En qué hora había ayudado a aquella chica! Pues no solo no había conseguido tener a su lado a Jessica, sino que encima estaba estropeándolo todo cada vez que aparecía.

«Eres estúpido, Richard. Ahora esa maldita rubia lo complicará todo mucho más», se dijo a sí mismo. Tenía que tratar de ver la situación de otro modo, tal vez si conseguía limar asperezas con Jack podría cantar en el grupo sin matarse a hostias con él, y a lo mejor conseguía ganar puntos con Jessica.

De manera rápida y decidida se marchó hacia el hospital, pues seguramente pillaría al moreno todavía allí. Se le estaba ocurriendo una idea y tal vez era lo mejor que podía hacer en un momento así.

El camino hasta el hospital no fue largo, pero con tantas cosas en la cabeza a Richard le pareció un viaje eterno. Subió hasta la habitación de Jack donde esperaba encontrárselo para contarle su idea. Entró sin llamar y para su desgracia se le encontró a medio vestir, con los vaqueros sin abrochar y sin la camiseta puesta.

—Perdona, creí que estarías aún en la cama. No sabía a qué hora te daban el alta—se disculpó, pues no tenía intención de verle en paños menores.

—Nada, no te preocupes, me estoy vistiendo porque me han dado el alta ya.Aunque no eres la visita que esperaba que viniese a buscarme —comentó con extrañeza mientras terminó de vestirse.

—Lo imagino. Pero necesito hablar contigo de algo muy importante. —Se puso muy serio pues la ocasión lo merecía.

—No me digas que te has hecho gay y te has enamorado de mí —comentó bromeando y riéndose a carcajadas, mientras se sentaba en la cama para descansar un poco.

—En tus sueños...

La pequeña broma relajó un poco a los dos jóvenes, que se sentaron para poder hablar. Jack estaba bastante intrigado de ver que su competidor tenía una expresión extremadamente seria. Así que esperó a que hablara para salir de dudas.

—Mira, sé que tú y yo no nos llevamos bien. Pero lo cierto es que ambos compartimos varias cosas, como la pasión por la música, y a Jessica. Aunque tenemos algo más en común, y por desgracia es algo bastante peor que querer ala misma chica... —Richard no sabía cómo explicar todo lo que estaba rondando en su cabeza, necesitaba su ayuda y era una idea que le carcomía por dentro.

—Estás muy raro, y no comprendo lo que quieres decirme...

—Noelia es lo que pasa. ¡En qué maldito día quise hacerla caso! —Sabía que el motero le comprendería. Aunque no estaba seguro de si le ayudaría.

En cuanto Richard terminó la frase Jack abrió los ojos desmesuradamente. Aquella víbora había estado aliada con su competidor.Desde luego la situación prometía. Al principio, quiso pegarle una tremenda paliza, pues seguramente toda la situación con su querida Jess se había complicado por culpa de aquella unión. Pero si había ido a hablar con él, era porque estaba harto de Noelia, cerró los ojos y movió la cabeza a los lados mientras suspiró, no solo para calmarse sino porque comprendía perfectamente que estuviera desesperado por liberarse de aquella rubia sin escrúpulos.

—Ya decía yo que Noelia estaba más pesada y alegre que de costumbre...

—Creí que podría ayudarme a conseguir a Jessica y que así se alejara de ti. Me contó cosas horribles sobre tu pasado, aunque por lo que me he enterado, no eres tan mal tipo como creía. —Richard estaba hablando con total sinceridad. A fin de cuentas, de verdad había visto que el moreno no era tan mal chico.

—Desde que conocí a Noelia ha sido un tormento. Así que te entiendo y creo que te voy a ayudar.

Por primera vez, los dos chicos estaban de acuerdo en algo. Lo complicado era pensar en un plan para librarse de la rubia peligrosa, y además hacerlo de manera conjunta. Estuvieron hablando largo y tendido, pues Jack quiso enterarse de todo lo que había tenido que ver con Noelia, para saber hasta qué punto había influido en los últimos acontecimientos con Jessica.

—Bueno, entonces tenemos que tratar de alejarla de Jessica. Bueno, y de nosotros, ¡yo estoy harto de ella! —bufó Richard con enfado.

De repente la puerta de la habitación se abrió de golpe provocando un gran estruendo.

—Así que conspirando en mi contra... Jack tú eres mío. Además Richard tiene que follarse ya a Jessica para que esa maldita niñata te deje en paz, o pagará ella las consecuencias —les amenazó Noelia con una sonrisa malévola.

—No te atreverás a tocarla o te juro que no respondo de mis actos. —Jack estaba más serio que nunca.

Noelia se acercó a él con los ojos entrecerrados. Mientras él continuaba sentado al igual que Richard que la observaba con odio, pues por su culpa toda la situación estaba del revés. Noelia sacó una navaja y se la clavó a Jack en el estómago, sin que ninguno de los dos jóvenes pudiera reaccionar a tiempo pues no se lo esperaban.

—Si no eres mío no lo serás de nadie —escupió antes de sacar la navaja del estómago del joven motero y ver cómo empezaba a sangrar.

Noelia se marchó corriendo dejando a Jack malherido y a Richard bloqueado por lo que acababa de suceder. No se esperaban algo así. Jack se retorció de dolor mientras todo se manchaba de sangre. Tras unos segundos, Richard consiguió volver a ser él mismo y trató de ayudarle. Cogió una de las sábanas dela cama para tratar de taponar la herida.

—¡Aguanta, voy a buscar ayuda! —gritó mientras salió al pasillo a pedir ayuda.

Cuando salió por el pasillo con las manos ensangrentadas se chocó con alguien.Era Jessica que al verle nervioso, gritando y con las manos cubiertas de sangre abrió desmesuradamente los ojos.

—¿Estás bien? ¿Por qué vas cubierto de sangre?, ¿te has pegado con Jack? —preguntó ella de forma atropellada.

—¡Jack necesita ayuda! —gritó corriendo por el pasillo para buscar ayuda.

Jessica entró en la habitación y se encontró a Jack sangrando por el estómago y tratando de taponarse la herida con la sábana que le había dado Richard. Abrió desmesuradamente los ojos mientras se acercó a él para intentar socorrerle. A los pocos segundos, Richard volvió con un médico para que atendieran al joven moreno.

Estuvieron curándolo mientras los dos jóvenes tuvieron que esperar en el pasillo. No sabían lo grave que podía estar, sobre todo la muchacha que había llegado en medio de la confusión. Richard le relató la historia a Jessica, que empezó a llorar por la preocupación y angustia. Pasados unos minutos, el médico salió de la habitación y los dos jóvenes se abalanzaron sobre él para tener noticias de Jack.

—Doctor, ¿cómo está Jack? —preguntaron a la vez con angustia.

—Ha perdido mucha sangre, pero habría perdido más si no le hubierais ayudado a taponarla. Pero no había causado daños demasiado graves. Evidentemente,necesita estar ingresado para recuperarse y que se sequen los puntos —explicó el doctor con calma.

—¿Puedo pasar a verle? —Jessica no podía contener las lágrimas.

—Podéis pasar, pero solo cinco minutos, necesita descansar. Y por favor, no le alteréis.

Jessica y Richard pasaron con cuidado a la habitación, donde Jack estaba tumbado con los ojos cerrados y un gran vendaje en el estómago. La muchacha se acercó a él y le acarició la mejilla con el dorso de su mano. Al sentir el tacto,Jack abrió los ojos lentamente.

—Hola... —dijo un poco adormilado.

—¿Cómo te encuentras? —Richard preguntaba de manera sincera, se había asustado mucho al ver tanta sangre. Sangre que aún tenía en sus manos.

—Como si me hubieran apuñalado... —dijo intentando poner tono chistoso—.Gracias por ayudarme, Richard.

Jack y Richard se miraron a los ojos durante varios minutos, con gesto serio pero amistoso. Aquel ataque había influido en ambos de una manera que ninguno de los dos hubiera esperado.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Indecisa - Capítulo 18 (Angy W.)


—Jess... —comenzó a decir Jack, pero se detuvo. Soló suavemente la mano de Jessica y se alejó de nuevo, bajando la mirada y contemplando su regazo, abatido. Jess lo observó con el corazón roto.

—Será mejor que vuelva a casa —dijo, mientras le dedicaba una sonrisa que mezclaba tristeza y cariño. Salió de la habitación antes de que su compañero pudiese replicar.

En el pasillo, volvió a ver el cuarto de Diana, vacío en aquel momento. Incapaz de resistir la tentación, entró. La estancia estaba levemente a oscuras, ya que las cortinas estaban parcialmente corridas, pero aquello solo conseguía que la muchacha destacase más. Su piel clara —mortalmente pálida—, y su cabello castaño intenso parecían brillar. La imaginó en el coche, con la cara contraída de espanto, gritándole a Jack desesperadamente que se detuviera antes de que... se sumergiera en el sueño indefinido en el que se encontraba en aquel momento.

—¿Dónde estás, Diana? —murmuró Jessica en voz baja.

—Eso es lo que nos gustariía saber a todos —Una voz femenina le respondió, sobresaltándola—. Y si querrá irse de allí para volver a nuestro lado algún día.

Jessica casi dio un saltito del susto, y se giró preparando mentalmente una disculpa y una explicación sobre su presencia allí. Pero la visión de la madre de Diana entrar en la habitacón dejó su mente en blanco.

—Elizabeth... —susurró. Aún le sorprendía y le incomodaba la revelación de su padre, y no sabía muy bien cómo debería tratar con ella—. Yo... lo siento, vi a Diana desde el pasillo y entré sin pensar y...

—No te preocupes —Le sonrió Elly—. En otro tiempo, si las cosas hubiesen ido de otra manera, tú y Didi seguramente os hubieseis conocido desde pequeñas y os hubieseis hecho inseparables como tu madre y yo lo fuimos. Y estar aquí hubiese sido completamente normal para ti.

Elizabeth se giró hacia su hija con una expresión vacía en su rostro.

—A veces las personas se van sin que ni siquiera podamos decirles adiós.

Jessica sabía que parte de aquellas palabras también se referían a su madre, Flavia. Tragó saliva.

—Aún no sabemos qué será de Diana. Todavía no se ha ido. Así que no tiene por qué decirle adiós aún —dijo, sin pensar. Sin embargo, al ver el rostro de la mujer, sin esperanzas, no pudo evitarlo—. Diana podría despertar. Por eso, pienso que es mejor que prepare las palabras que le dirá cuando regrese.

No sabía ni lo que estaba diciendo. Se sintió ridícula soltándole aquellas palabras tontas a la madre de aquella chica, cuando ni siquiera conocía ni era cercana a ninguna. Se mordió el labio inferior. Sin embargo, Elizabeth sonró. Sus ojos estaban ligeramente brillantes.

—Gracias, Jessica.

***

Richard contempló abstraído el plato de pasta que había sobrado del mediodía girar y girar dentro del microondas. Últimamente no se sentía él mismo. No se sentía nada. ¿Qué estaba haciendo? Repasó mentalmente sus acciones y su comportamiento en las últimas semanas, y solo pudo concluir que había sido un soberano imbécil. Se había liado con Emy y había hecho daño a Jessica incontables veces. La quería, quería luchar por ella y quería protegerla. Pero al final debido a sus celos y a su imbecilidad solo acababa hiriéndola. ¿Siempre había sido así? ¿Ni siquiera sabía cómo hacer feliz a la chica que le gustaba? Él había pensado que era diferente. Que era otro tipo de chico, menos egoísta, más paciente, un chico que podría conquistar de forma limpia a la persona que quería. Pero lo único que había hecho había sido cagarla una y otra vez, decepcionando sin parar a Jessica y a sí mismo. Al final, no había demostrado ser mejor que Jack.

Interrumpió momentáneamente esa espiral de autodesprecio para levantarse y sacar el plato del microondas. Se sentó de nuevo en la pequeña mesa de la cocina, ya que el salón se le hacía demasiado grande y vacío para él. De nuevo, una cena solo. Pensó que aquel plato de pasta recalentado y aquella cocina podrían perfectamente englobar y representar su vida en general.

Definitivamente, tenía que cambiar. A partir de ese momento actuaría diferente. Sabía que habían pasado muchas cosas, y que Jessica aún estaba conmocionada y necesitaba tiempo. Así que se lo daría. Jess sentía algo por Jack, ese era un hecho innegable, pero haía que lo que sintiese ella porél fuese mucho mayor. Y la conquistaría por méritos propios, no a costa de alejarla del moreno.

Allí solo, en medio de la pequeña cocina de una casa demasiado amplia para una sola persona, incluso para dos, Richard se sintió un poco mejor tras tomar esa resolucón.

***

Los días pasaron con rapidez. Richard encontró a Jessica varias veces por el instituto, pero no pasaron del mero saludo. Decidió dejarle el tiempo que ella necesitaba. Sin embargo, su relación no se enfrió, ya que siempre imprimían un cariño especial en cada "hola" o "hasta luego" que se decían.

De vez en cuando le enviaba WhatsApps casuales, simpáticos, divertidos, que la hicieran reír. Sobre todo en esa época en la que se acercaban los exámenes finales, que hacían que la tensión y el estrés se empezaran a notar en el ambiente y obligaban a dejar el resto de problemas momentáneamente de lado. Después de aquello, vendrían las vacaciones.

Para Richard, éstas se resumirían en trabajar en el bar, aunque era posible que algún fin de semana hiciera alguna escapada con su hermano a alguna parte. También podría cantar en la banda de Luc. Había pensado muchas veces en la oferta de su amigo. Le había dicho que le daría una respuesta pronto, pero al final nada había quedado en claro. Para ser sincero, le había encantado la experiencia de situarse sobre un escenario, frente a un público alocado contagiado por la locura y el ritmo frenético de la música. Le había gustado cantar, y que la gente respondiera a su voz.

El problema era que en la banda también estaía Jack, y no saía con seguridad que aquello funcionara dada su relación con él. No sabía si podría cantar siguiendo los acordes de su guitarra, o si él podría tocar para guiar y acompañar a su voz. Se necesitaba una relación de compenetración íntima, y ellos dos apenas podían contenerse para no matarse a hostias cuando se veían. A pesar de que, claramente, ambos disfrutaran de la música.

Richard se preguntó si algún día arreglaría sus diferencias con el moreno. Sin embargo, comprendió, estando Jessica en medio sería dificil. Y la historia de Diana solo complicaba las cosas.

***

Jessica estaba contenta. Al día siguiente le darían el alta a Jack y saldria del hospital al fin. Había ido ocasionalmente a visitarle, pero últimamente debido a los exámenes apenas había tenido tiempo para ir. El día siguiente, sin embargo, le vería sí o sí.

Tumbada boca a abajo en su cama, en medio de un descanso de estudiar, miró la pantalla de su móvil frente a ella dudando de si debía contárselo a Richard. Aquella última semana, por algún motivo, habían comenzado a hablar bastante. Al principio sólo eran WhatsApps casuales, a veces graciosos y bromistas, pero un día que estaban ambos en línea comenzaron a hablar y la conversación les duró horas. Empezaron comentando asignaturas del instituto y exámenes, pero pronto rotaron a temas más personales. A Jessica le gustaba hablar con Richard. Sentía que hasta aquel momento no había podido hacerlo, ni conocerlo realmente. Sus aficiones, sus pensamientos, sus temores y sueños... precisamente porque no sabía nada de él, la noche en que le vio y oyó cantar se sorprendió tanto.

Tuvo la sensación de que comenzaban a acercarse de nuevo, pero de manera diferente a como había sido hasta ese momento. Sin agobios, sin rozaduras tensas. Simplemente... estaba conociéndolo y dejando que él la conociera a ella. Comenzaban a entablar una confianza de amistad. Aunque, por supuesto, su corazón seguía aumentando el ritmo de sus latidos cada vez que recibía una respuesta del rubio.

Contempló de nuevo el último mensaje de él: «¿Qué te cuentas?», enviado hacía poco. Al final, decidió escribirle «Mañana le dan el alta a Jack». Sencillo, sin explicaciones innecesarias. Sentía que de algún modo Richard tenía derecho a saberlo ya que había estado de alguna manera implicado en toda aquella historia. Vio el estado "escribiendo..." del chico, pero antes de que pudiese recibir y leer su contestación unos golpecitos en la puerta la sobresaltaron.

—Adelante —dijo en voz alta. La figura de su padre la recibió desde el marco de la puerta—. Vaya —dijo con tono alegre—. Normalmente nunca me haces caso cuando te pido que llames a la puerta, hoy te has portado.

—Jess... —El tono serio de su padre y su expresión apagaron pronto su júbilo. Jessica se levantó de la cama.

—¿Qué ocurre? —De pronto, sintió miedo. ¿Qué podría haber ocurrido para que su padre tuviese aquella cara?

—Me acaba de llamar Elizabeth. Pensé que debías saberlo. Es Diana.

Un vacío en su estómago le vaticinó los peores presagios.

—¿Qué pasa?, ¿ha ocurrido algo malo? —No se molestó en esconder su nerviosismo y miedo. Después de aquella charla que había tenido con Elizabeth... si al final a Diana le pasaba algo...

—No. No, no, Jessica, todo lo contrario —Finalmente, Lucius sonrió, y las pequeñas arruguitas que se formaron en la comisura de su boca le dieron un aspecto jovial—. Diana ha despertado.

lunes, 29 de junio de 2015

Indecisa - Capítulo 17 (Natalia Serna)

Pasada media hora, quizás algunos minutos más, las visitas se habían marchado dejando a Jack y Jessica solos en aquella habitación de hospital. Ambos estaban en silencio, sin saber que decir, cuando se quedaron solos. Ni siquiera Jessica se atrevía a decirle que había visto a Diana y que era hermosísima, mucho más que ella. Jack, por su parte, no sabía cómo empezar a entablar conversación después de todo lo ocurrido.

—¿Quieres....? —dijeron los dos a la vez rompiendo el silencio de la habitación.

—Empieza tú —continuó Jack después de que ambos se quedarán en silencio.

—No —le contestó Jessica—, habla tú.

—Lo mío es una tontería —dijo Jack—. Seguro que lo tuyo es más importante, ¿qué me ibas a preguntar?

—¿Por qué lo has hecho? —le preguntó Jessica después de unos segundos de silencio y sin atreverse a decirle que había visto a Diana— ¿No pensaste en que podías haberte matado?

—Lo sé —le contestó Jack mirando a la ventan—. Estaba buscando matarme y acabar con todo de una vez.

—¿Cómo...? —empezó a decir quedándose sin habla, ¿cómo podía querer matarse alguien como él? Era algo que no cabía en su cabeza— ¿Cómo puedes querer matarte?

—Tú no lo entiendes —empezó a decir—. No entiendes nada.

—Si me lo explicas tal vez... —empezó a decir Jessica dejando un silencio antes de decir lo siguiente—. He visto a Diana, está en la habitación de al lado. Es hermosa Jack y no entiendo cómo te fijaste en mí después de haber estado ...

—¡Quieres callarte! —le grito Jack sin dejarle terminar de hablar y provocando que Jessica se medio asustará de su reacció— Perdona —Siguió diciéndole después de ver la reacción de Jessica—, no quería asustarte. Es que....

—Será mejor que me vaya a casa y te deje descansar —le dijo sin dejarle terminar—. Vendré a verte mañana, si quieres que venga.

—Claro que quiero que vengas, perdona por haberte gritado, Jess —se disculpó—. No quería asustarte.

—No pasa nada —le contestó.

Ambos se despidieron como si fuera simples amigos. Jessica quería despedirse con un beso como siempre lo hacía pero algo se lo impedía. Al salir del hospital, y antes de dirigirse a la salida, Jessica no pudo evitar echar una ojeada a la habitación de Diana quien seguía en coma desde aquel fatídico accidente.

***

Aquel fin de semana paso entre visitas al hospital para hacer compañía a Jack y salidas a los recreativos de la zona junto con su amiga Emy. Richard, por su parte había intentando ver a solas a Jessica para evitar que fuese al hospital pero las continuas negativas de ella le estaban poniendo cada vez más nervioso por la situación. Había llegado el lunes y Richard la esperaba al lado de su taquilla para así hablar con ella. Al llegar Jessica no dudo en besarla en los labios lo que provocó que Jessica se apartará de él.

—¿Qué pasa? —preguntó Richard— ¿He hecho algo que te incomode?

—No... —le contestó Jessica— Solo es que... que necesito tiempo Richard. Tiempo para asimilar todo lo que ha pasado. El accidente de Jack... Noelia... Diana... Necesito tiempo para estar sola y serenarme.

—¿Tiempo para estar con él? —le preguntó Richard empezando a ponerse celoso de Jack.

—Jack es una persona muy importante en mi vida y no pienso dejarle solo en el hospital —le contestó Jessica algo molesta por la actitud de Richard—. Tengo que irme a clase —siguió diciendo mientras cogía los libros y cerraba su taquilla.

—Tenemos que hablar —le dijo Richard cortándole el paso—. No quiero que lo veas ni que estés con él, es peligroso para ti.

 —No me digas lo que tengo o no tengo que hacer —le contestó molesta— soy lo suficientemente mayor para hacer lo que quiera y ahora, ¿me dejas pasar?

Richard se apartó de su paso por lo que Jessica se marchó para el aula de biología que estaba a punto de empezar en unos segundos. Mientras se marchaba, Richard no dejaba de mirarla los celos se apoderaban de él al imaginarla junto con Richard en la cama del hospital.

***

La semana para Jessica pasó entre las clases en el instituto, los deberes en casa por las tardes y las visitas al hospital para hacer compañía a Jack quien, después de que Jessica le dijera que necesitaba tiempo para asimilar todo lo que había pasado estas semanas atrás, sorprendentemente para ella, Jack lo había aceptado bastante bien. Una de aquellas tardes, Jessica había llevado a Jack a dar una vuelta por el hospital, en una silla de ruedas que le habían prestado las enfermeras, para que él se aireará un poco y desconectará de aquellas cuatro paredes. Al volver de la cafetería donde habían tomado unos refrescos, al pasar por la habitación de Diana, Jack no pudo evitar mirar al interior de la habitación donde podía verse a la joven postrada en la cama mientras una enfermera controlaba sus constantes vitales y el ritmo de su corazón. Jack, sin dejar de mirarla, no pudo evitar que unas lágrimas se le cayeran por las mejillas.

—¿Quieres que entremos? —le interrumpió Jessica quien había visto aquella vulnerabilidad de Jack—. A lo mejor puedes sentirte mejor si lo haces.

—Llévame a la habitación —le contestó Jack.

—¿Pero...? —siguió intentando convencerle—. Opino que te vendrá bien verla.

—Llévame a mi habitación —le volvió a decir intentando no volverle a gritar—. Necesito estar solo.

Jessica no siguió hablando, tan solo le llevo a su habitación y le ayudo a subirse a la cama puesto que necesitaba ayuda debido a la escayola que tenía en la pierna.

—Lo siento, Jess —le dijo Jack cuando ya estaba en la cama—. Gracias por todo lo que estás haciendo por mí pero no estoy preparado para verla.

—No pasa nada —le contestó—. Tengo que irme a casa.

Jessica iba a irse cuando la mano de Jack cogió la suya impidiéndole que se marchará. Ambos no dijeron nada. Tan solo se miraron a los ojos diciéndose todo con una simple mirada.

viernes, 26 de junio de 2015

Indecisa - Capítulo 16 (Ally Owen)

Su corazón se oprimió ante la sorpresa. Si no fuese por el subir y bajar del pecho de Diana, no la creería viva. La chica parecía un delicado ángel, con la tez blanca al punto de brillar, el cabello castaño ondulado y radiante, casi como si lo cuidara cada día, los labios carnosos y —a pesar de su estado—, de un bello rosa carmesí, como si lo hubiese maquillado aquella mañana. Era hermosa, tanto que Jessica no pudo evitar imaginarla vivaz, alegre y perfecta para Jack.

Jessica sintió vergüenza de sus pensamientos, pero en estos no pudo evitar los celos que se introdujeron, ni el extraño desazón de que Diana ya no pudiese estar junto a Jack.

«¡Oh, Por Dios! Jessica, eres lo peor», se dijo al tiempo que sintió la mano de su padre tomar la propia.

—Vamos, cariño. No creo que sea apropiado que estemos aquí, espiando.

Pero antes de que lograsen avanzar siquiera un par de pasos, la puerta de la habitación de Diana terminó de abrirse, dejando salir a una hermosa y elegante mujer. «Su madre», se dijo al ver el enorme parecido de la mujer con la chica que dormía ausente en la habitación.

—¿Lucius? —la escuchó decir, quitándole la respiración al ver la expresión de reconocimiento en su padre.

—Elizabeth… —la voz de su padre parecía compungida, al tiempo que sus mejillas se coloreaban cargadas de un pesar que Jessica no comprendió—. Tanto tiempo, no… no pensé… Extraña forma de encontrarnos.

—Sí —respondió la mujer, intentando arrebatar el silencio del aire y rellenarlo con algo.

—¿Papá? —quiso recordar su presencia y la razón por la que estaban ahí, y los ojos de su padre le dijeron que le salvaba el momento.

—Lo siento, Elizabeth. Mi hija viene a ver a uno de sus amigos…

—¡Oh! Entiendo, ve tranquilo. Otro día podemos conversar, hace mucho que no nos vemos. Me encantaría hablar con Flavia.

Su pecho volvió a oprimirse al escuchar el nombre de su madre. ¿Qué acaso esa mujer no la sabía fallecida?

—Creo que eso será imposible, Elly —El repentino tono cercano de su padre la sorprendió. ¿De dónde demonios se conocían ellos?—. Flavia nos dejó hace ya cuatro años.

Los ojos de la que antes creía una completa desconocida, se volvieron vidriosos, derramando lágrimas en cosa de segundos. Pudo notar el dolor que le producían las palabras de su padre, era evidente que para esa mujer su madre había sido alguien importante. ¿Cómo era entonces que no se había enterado de nada?

—Dios. Yo… yo no sabía nada. ¿Cómo fue? ¿Qué pasó? —Un silencio se formó entre ellos, al tiempo que Jessica miraba a su padre compungida. ¿Cómo volver a hablar de aquello?—. Creo que estoy hablando de más —agregó la mujer al reconocer en sus expresiones la incomodidad.

—Juntémonos otro día para hablar, Elly. Hoy no es momento.

Se despidieron de la mujer sin que Jessica pudiese despegarse de sus preguntas en torno a ella, por lo que al momento que se alejaron un par de metros se lanzó a preguntar:

—¿De dónde y desde cuándo os conocéis?

—Elizabeth era la mejor amiga de tu madre. Se conocían desde niñas. Los tres pertenecíamos a un grupo de amigos dentro de la facultad de educación, todos jóvenes con sueños pedagógicos.

“Sueños pedagógicos” era la frase típica de su padre. Como profesor siempre le había hablado de sus ideales, los que había compartido con su madre y que ahora sabía se iniciaron en la facultad junto a la tal Elizabeth.

—Si eran tan buenas amigas, ¿por qué dejaron de verse?

—Peleas de juventud, Jessi.

—¿Qué pudo ser tan grave como para dejar de verse tanto tiempo?

Su padre pareció incomodo, desviándole la mirada. ¿Qué había sucedido entre su madre y Elizabeth como para que a su padre le costara tanto confiárselo?

 —Elizabeth fue mi novia inicialmente, Jessi. Todo lo que puedo decirte es que las cosas entre ella y yo no terminaron de buena manera, y tu madre quedó metida en medio de mis indecisiones.

***

Sentía el cuerpo hecho trizas, como si un camión lo hubiese aporreado, aunque lo que había ocurrido no era muy diferente a ello.

Había estado ofuscado, lleno de rabia después de ver la foto que había llegado a su WhatsApp. Se cegó observando los labios de su Jessica pegados a los de Richard. Horas atrás, al ver partir a la chica que amaba sin perspectivas de que esa relación pudiese continuar, se había prometido no volver a defraudarla, pero en cuanto la vio pegada a ese imbécil, toda promesa autoimpuesta desapareció de su mente, llevando a sus pies directo hacia las llaves de la empolvada camioneta de su padre y al garaje del taller. Sin haberlo pensado mejor, se montó en la vieja Chevrolet roja sin miramientos.

¿Qué diría su fallecido padre de aquello? Sí, estaba metiendo la pata nuevamente y sabía muy bien que el viejo no estaría orgulloso de él, pero no escucharía sus palabras para frenarlo. Hacía tres meses que ya no estaba ahí para aquello, así como ya no estaba para ayudar a Eduardo —su hermano mayor—, a alimentarlos, ni para frenar el dolor que consumía a su madre, quien aliviaba sus penas tomando pastillas día a día después de su pérdida.

Llegó a la zona industrial en la que siempre se reunían a apostar en peligrosas acrobacias y carreras.

—¡Ey, Jack! —lo había llamado Eddy, el viejo con pintas de joven que cobraba las apuestas—. ¿Vienes a apostar o a derrapar un rato?

—¿Es noche de derrapes? Entonces, apúntame, viejo.

Y esas palabras sellaron su error. Dos horas más tarde había terminado en el hospital luego de estrellarse contra aquel estúpido muro de contención. Y aunque sus intenciones al salir de casa habían sido precisamente esas —precipitar su cabeza contra algo—, el plan había fallado.

—¿En qué demonios pensabas ahora? —le decía Eduardo dando zancadas por la habitación. Llevaba ya veinte minutos regañándolo—. ¿Cuándo vas a crecer de una vez, hermano? ¿Cuándo dejarás de ser una carga para mí? Mierda, Jack. ¿Qué le hubiese dicho a mamá si te hubiese pasado algo, eh?

—Cómo si ella fuera capaz de entender algo de lo que decimos —ironizó ofuscado.

—¡Demonios, Jack!

—Déjame en paz, Lalo. No quiero hablar ahora.

—¡Agradece que puedes siquiera hablar! Maldita sea, Jack... —«Aquí vamos de nuevo», pensó Jack con pesar. Pero antes de que Eduardo pudiese seguir con su bronca, unos golpecitos en la puerta interrumpieron la caldeada conversación—. Pase —dijo su hermano, recobrando la compostura.

Cuando vio sus bellos ojos miel cruzar el umbral de la puerta no pudo más que suspirar; Jessica estaba ahí para verlo. Había sentido tanta rabia hacia ella al ver la fotografía que le envío Noelia, que creyó que jamás se le pasaría. Sin embargo, todo ese enfado desapareció con solo verla ahí, con el rostro lleno de preocupación y lágrimas amenazando con salir.

¿Cómo si quiera había llegado a pensar en la idea de dejar este mundo estando ella ahí?

—Jessi, pequeña. Yo…

Sus palabras se detuvieron al ver entrar a un hombre tras ella. Su padre, no podía ser otro, se dijo al ver la expresión de enfado en el rostro de éste. La mirada del hombre pasó por la habitación como haciendo un escaneo de la situación, encontrándose entonces con la presencia de Eduardo, que lo miraba a él a su vez con curiosidad también.

—¿Elson? —Jack se sorprendió al ver que el padre de Jessica conocía a su hermano, pues lo había llamado por su apellido, y que tras el reconocimiento, una sonrisa amigable se formaba en sus labios—. ¿Qué haces...? —Sin esperar repuesta alguna, el hombre dijo mirándole con seriedad—. Con que este es tu famoso hermano...

«¿Famoso?, ¿yo? ¡¿Qué demonios?!».

***

Miró al atlético muchacho que acompañaba a Jack en la habitación del hospital donde se encontraba ingresado. Un moreno tan guapo como él, su hermano menor, quien al instante de ver a su padre sonrió de oreja a oreja. ¿A cuántos conocidos de su padre descubriría ese día?

—¿Papá? —llamó intentando buscar una respuesta a la situación.

—¡Oh!, lo siento, hija, este es Eduardo Elson, el mejor estudiante de la facultad de leyes y un genio en mi clase de ética.

—Y mi hermano —agregó Jack con la voz compungida—. Mi magnifico y ejemplar hermano.

—Calla tú, enano, aún no te doy permiso para hablar con libertad —gruñó Eduardo en broma, sonriendo luego hacia Jessica.

—Y tú debes de ser Jessica, ¿no? La devoción del señor Clason y la culpable del corazón roto de mi hermano.

—¡Ey! —Jack se ruborizó por completo, sin poder evitar que una sonrisa se formase en los labios de Jessica. 

Estaba bien, él se hallaba a salvo, y aunque no se sentía aún segura de cómo continuarían su relación, no podía evitar el alivio en su corazón al verlo sano, quizás algo magullado y con un yeso en la pierna, pero vivo al fin y al cabo.

—Vamos, enano, no mientas. Deja de hacer estupideces y resuelve tus problemas como corresponde.

—Y deja de darle problemas a tu hermano dijo Lucius. Y ya que estamos, a mi hija también —agregó.

—¡Papá! —exclamó ella; Eduardo y su padre rieron al unísono ante su chillido.

***


Risas se escuchaban en el interior de la habitación. Richard estaba seguro de que entre las voces estaba la de Jessica. Estaba segudo de que ella ya había llegado, y por cómo se escuchaban las cosas, el ambiente ya no estaba como antes. 

 ¿Acaso había ayudado al imbécil de Jack avisando a Jessica de su accidente? Se preguntó gruñendo, aunque de todas maneras la chica se enteraría de una forma u otra.

 —O encuentras alguna manera de que esa niñata se aleje de mi hombre, o me encargaré yo misma de no ponerle las cosas tan fáciles —la voz de Noelia lo sacó de sus pensamientos. Se giró, encontrándose a la rubia con una sonrisa ladeada y la mirada llena de oscuras promesas.

—Le tocas un pelo y te prometo que no pensaré en ti como una chica a la hora de tomar represalias.

—Vamos, hombre, solo te pido que empieces a controlar a tu amorcito, si no quieres que la controle yo.

—¡¿Qué demonios hace ella aquí?! —Richard había llamado también a Emy, buscando apoyo para consolar a Jessica; la chica había llegado en el mejor momento—. Desaparece, zorra.

—Qué miedo, Dios mío, ¡sálvame! —ironizó la rubia con malicia en la expresión.

—¡Desaparece, si no quieres verte con mi palma en tu cara!

La puerta de la habitación se abrió ante el grito de Emy, asomando por ella un moreno al que no conocía. Este miró la situación, sopesándola.

—Noelia, Jessica está aquí para ver a mi hermano. Tú sobras, así que si me haces el favor de irte y desaparecer para siempre, sería magnífico para todos.

—¿Cuánto te gustaría eso, no, Eduardo? —la voz amenazante de Noelia habría dado escalofríos a cualquiera, menos al moreno, que solo sonrió agregando:

—Vamos, Noe, deja de hacer una vergüenza de ti misma y desaparece.

Noelia gruñó con desesperación, girándose al tiempo que sacaba su móvil.

—Ya les advertí, luego no vengan llorando y suplicando rogando perdón.

—Sí, sí, gatita malgenio —El moreno llamado Eduardo terminó de abrir la puerta, despegando su mirada de la enfurecida Noelia—. Supongo que son amigos de Jack, ¿no? —Sin esperar respuesta del par que observaba la escena en silencio, añadió: Pasen, por favor.

«¿Amigos? Primero muerto».

***

Cuando vio entrar a Richard no pudo evitar sonrojarse al recordar el beso que éste le había dado en la plaza, y el hecho indudable de que Jack ya lo sabía acentuaba su azoramiento.

Ambos chicos se miraron como dispuestos a lanzarse el uno encima del otro, solo frenándose por la presencia de más gente dentro de la habitación y la imposibilidad de Jack para levantarse de la cama.

—Tienes más visitas de lo habitual, enano —comentó Eduardo sentándose junto a su hermano.

«Lo habitual», pensó Jessica mirando a Jack con reproche en los ojos, provocando que las mejillas de este volvieran a sonrojarse, haciéndolo lucir tan niño, tan indefenso. ¿Sería capaz de alejarse de Jack cuando todo su cuerpo le decía que debía abrazarlo? Lo cierto era que solamente la presencia de su padre y la de Richard, la refrenaban de hacerlo y de besarlo.


«Estás mal, Jessica».