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miércoles, 20 de mayo de 2015

Indecisa - Capítulo 15 (Mari Perea)

Emy se alegraba de ver a su amiga más tranquila tras la conversación a tres bandas que habían mantenido, ahora que estaba en los brazos de Richard. Aunque para ello Jessi tuviera que estar justamente así, abrazada al que era el amor plátonico de su vida.

Instantes después, cuando los vio besarse, supo que tenía que olvidarse de dicho amor que a todas luces no era correspondido.
 

Resignada y la vez feliz por su amiga ante tal escena, suspiró. Pero de pronto, un flash rompió el momento tan tierno y tan romántico que estaba sucediendo ante sus ojos. Todavía no se había recuperado de la sorpresa, cuando segundos después, la aparición de una rubia desconocida que, tras la foto robada, dijo que gracias a eso tendría de nuevo a Jack para ella, captó su atención.
 

—¿Quién eres y qué quieres? —dijo entonces ella enfurecida, sin poder evitarlo, cuando fue consciente de que dicha intrusa venía con malas intenciones.
 

—Contigo no va la cosa, pelirroja —fue la respuesta de la rubia desteñida.
 

—¡Claro que va conmigo!, te estás metiendo con mi mejora amiga y con mi amigo.
 

—No tengo problema en declararte la guerra a ti también, pelirroja —aclaró la rubia, aparentemente divertida con la situación.
 

—Tengo nombre, para tu información —le aclaró Emy a la vez que le daba un manotazo al móvil con el que la entremetida había hecho la foto y que todavía seguía sujeto entre sus manos, haciéndolo caer al suelo.
 

 —Eres... —empezó a decir Noelia visiblemente molesta, mientras hacía el amago de lanzarse sobre ella para golpearla por su osadía.
 

—¡Basta! —gritó Richard, interponiéndose ante la rubia y evitando así que ésta la lastimara a ella—. Lárgate de aquí y déjanos en paz. Si quieres decirle a Jack que he besado a Jessica, pues adelante, díselo. Él ya sabe que yo también la amo y que voy a luchar por ella. —Se giró y la miró por encima del hombro y le dijo—: Emy, llévate a Jessi a tu casa y ya mañana veremos qué pasa.
 

—Ten por seguro que Jack sabrá de vuestro beso —aseguró Noelia ignorando a Emy y centrándose en Richard; en esos momentos estaba agachada en el suelo recogiendo su teléfono, que para su buena fortuna, solamente se había arañado un poco y seguía operativo—. De hecho, la foto la hice desde su WhatsApp, y la misma le ha llegado directamente —reconoció satisfecha y con voz triunfante.
 

—¿Richard? —dijo de pronto Jessi, tras reaccionar después de haberse quedado como petrificada con la aparición de la rubia; ver a su amigo echando humo por las orejas y con intenciones de abalanzarse sobre aquella desconocida para estrangularla, la sacó de su estupor inicial.
 

—Jessica, ve con Emy y descansa. Mañana veremos mejor las cosas con la cabeza fría y hablaremos del tema —dijo finalmente el muchacho una vez estuvo más calmado; Noelia había retrocedido un par de pasos, viendo el peligro al que se estaba exponiendo gracias a su lengua viperina.
 

—Anda, Jessi, vamos que te vendrá bien descansar —le animó Emy a su amiga, tirando de ella hacia las motos.
 

—Emy, creo que no tendrías que dejar solo a Richard con Noelia —balbuceó la joven, preocupada por Richard, pues la rubia ésa había demostrado ser una víbora sin compasión ni corazón.
 

—Tranquila, él sabe cómo tratar a muchachas como ella —fue lo último que le dijo a su amiga, antes de arrancar su moto.
 

El camino hacia su casa lo hicieron en pocos minutos ya que no quedaba muy lejos del lugar donde habían quedado para hablar. Y cuando llegaron, las dos fueron directas a su dormitorio y sin apenas hablar de lo ocurrido, ambas se acostaron.
 

Emy era consciente de que Jessi tenía que descansar y pensar en todo lo que le estaba pasando desde que invitó a Jack al cine sin conocerlo siquiera, aquella ya lejana noche.
 

También ella estuvo pensando en ello. De hecho, estuvo a punto de echarle en cara que había sido una irresponsable e impulsiva, que no se pensaba bien las cosas antes de actuar. Pero, se lo pensó mejor. Se dijo que aunque quería lo mejor para ella y que lo más lógico sería decirle todo eso, le daría tiempo para que recapacitara por sí sola y aprendiera a pensar las cosas antes de tomar una nueva decisión, decisión que podría afectar en su vida.
 

De momento, la acogería allí con ella, hasta que estuviera preparada para hacer las paces con su padre y regresar a casa.

***

Jessica seguía teniendo la mente tan liada como horas antes cuando había discutido con su padre y había acabado ganándose, según él, una merecida bofetada.
 

Aunque ahora ella, pensando fríamente las cosas, reconocía que se había precipitado con Jack, seguía sin arrepentirse de haberse liado con él. Según la conclusión a la que llegó tras mucho recapacitar, lo que estaba claro como el agua era que gracias a su aparición, ella se había sentido viva y querida. De ahí que no pensara que había cometido un error cuando decidió intimidar con él. Que tenía que haber ido más despacio... Cierto. Que tenía que haberlo conocido un poco mejor antes de permitir que la besara y se tomara ciertas libertades con ella... Cierto. No obstante, lo hecho, hecho estaba. Ahora tocaba lidiar con todo eso y con Richard; de él tampoco se olvidaba.
 

Pensando en todo eso, la muchacha acabó cayendo en los brazos de Morfeo, pero solo estuvo en los mismos hasta que Emy, pocas horas después, la despertó para que se arreglara, pues tenían que ir al instituto.
 

La mañana fue muy tranquila y las clases le ayudaron a no pensar en nada de lo ocurrido desde que descubrió la existencia de Diana, que fue lo que había desencadenado todo aquel caos mental en el que ahora se encontraba atrapada.
 

Jessica había decidido que era el momento de ordenar su vida y pensar en lo que era bueno y lo que no para ella. Eso fue lo que le había dicho a su querida Emy cuando ésta le había preguntado esa misma mañana, cómo se encontraba y si había tomado una decisión con respecto a Jack. Le había respondido que pondría las vivencias vividas desde que lo conoció, en una balanza, y que sopesaría los pros y contras. Y que, cuando supiera qué pesaba más, así haría.
    


—Hija, quiero pedirte perdón por la bofetada que te di ayer; no era mi intención lastimarte —reconoció éste todo afligido y con ojeras bien definidas, señal de que apenas había pegado ojo en toda la noche—. Tienes que entenderme, fue enterarme de que tu novio había hecho que su anterior novia estuviera en coma, y ponerme enfermo. Eso, junto con tu comentario radical, me superó.
 

—Te entiendo, papá, y te agradezco que te preocupes por mí y que no quieras que sufra por culpa de nadie. Pero ya soy mayorcita para cometer mis propios errores e intentar resolverlos por mi cuenta. Sé que te tengo a ti para cualquier cosa que necesite, pero déjame a mí decidir lo que creo que es bueno o no para mi persona.
 

—De acuerdo, hija, dejaré que tú decidas sobre tu vida. Pero si necesitas ayudas o consejo, recuerda que puedes contar conmigo.
 

—Lo sé, papá, y te lo agradezco. —Fue decir eso, y lanzarse a sus brazos.
 

—¿Vienes a casa? —le preguntó Lucius tras el efusivo abrazo que se dieron.
 

—Voy a casa de Emy a terminar unas tareas y en cuanto termine, voy a casa. Me imagino que será ya para la cena.
 

 —De acuerdo. Hasta la cena entonces, hija —dijo el hombre despidiéndose de ella con un beso en la frente. Justo en ese momento, Emy apareció.
 

—¿Nos vamos, Emy? —le preguntó Jessi, en cuanto la tuvo a su altura y su padre se alejó de ellas.
 

 —Sí —afirmó la peliroja—. ¿Qué ha pasado con tu padre? —preguntó cuando comprobó que el hombre estaba lo suficientemente lejos como para no escucharlas.
 

—Me ha pedido perdón y hemos aclarado las cosas.
 

—Me alegra mucho saber que os habéis reconciliado. —Emy era completamente sincera. Odiaba ver a su amiga afligida y peleada con su progenitor—. ¿Hasta cuándo vas a estar en mi casa? —preguntó segundos después, mientras ambas se ponían los cascos dispuestas a subir en sus respectivas motos e irse en breve.
 

—Hasta la hora de la cena.
 

 —Pues vamos que podamos hacer todas las tareas al completo y así tengamos el fin de semana libre —convino Emy justo antes de arrancar su moto.
 

La tarde de estudio la habían planeado durante el descanso, en el recreo, y según el planing que habían organizado, dejarían todas los deberes hechos antes de la hora de la cena. Y Jessica esperaba que fuera así, pues no quería llegar tarde y más ahora que había hecho las paces con su padre; no quería fastidiarla de nuevo siendo inpuntual.
 

Así que, cuando llegaron a la casa de Emy, ambas se pusieron manos a la obra con las tareas sin distrarse ni descansar. Y gracias a eso, terminaron media hora antes de lo planeado.
 

Cuando Jessica lo tuvo todo recogido y guardado en su mochila, se despedió de Emy tras haber quedado previamente con ella para salir juntas ese fin de semana. Y con las mismas, se fue hacia su casa donde ya le esperaba su padre con la cena lista.
 

—Buenas noches, hija, te he preparado tu cena favorita. —Lucius se la había preparado para compensar su mal hacer del día anterior.
 

—Buenas noches, papá, muchas gracias por la cena. No tenías que haberte molestado.
 

—Lo sé, pero es lo mínimo que podía hacer después de mi brusco comportamiento de...
 

Ring Ring Ring Ring

El sonido del teléfon fijo sonando, interrumpió la conversación.
 

—Dígame —dijo Lucius tras descolgar el teléfono.
 

Segundos después, en los cuales el hombre estuvo escuchando lo que le decían por la otra línea, le ofreció el aparato a su hija.
 

—Jessica, hija, es para ti.
 

—¿Quién es? —le preguntó ella, antes de atender la llamada.
 

—Es Richard.
 

Sin perder más el tiempo, la muchacha se puso el aparato en el oído.
 

—Jessica, tengo una mala noticia... —comenzó a decir el chico, con un matiz de preocupación en la voz.
 

—¿Qué pasa, Richard? —Ahora la voz de ella la que sonaba preocupada.
 

—No quiero que te alteres. Pero creo que deberías saber que Jack ha tenido un accidente y que está en el hospital.
 

A Jessica casi se le cae el mundo encima cuando escuchó eso. Sus peores temores se estaban haciendo realidad.
 

—Pero... ¿cómo? Y él... ¿cómo está? Dime que esta bien, Richard, dime...
 

—Tranquilízate, Jessica. Él está en observación. No tiene nada grave. Estuvo participando en una carrera, y al fallarle los frenos, se estrelló contra un muro de contención. Gracias a que llevaba el cinturón puesto, no rompió el parabrisas con la cabeza cuando se la golpeó, y los daños han sido menores.
 

—¡Menos mal! —exclamó tras suspirar, alivida al saber que todo había quedado en un susto.
 

 Tras despedirse de Richard y darle las gracias por haberle informado sobre lo ocurrido con Jack, se dirigió a su padre, que había escuchado la conversación con atención.
 

—Tengo que ir al hospital, papá, tengo que asegurarme de que es cierto que Jack está bien. —Sin esperar a que su padre le diera la aprobación, se puso en marcha.
 

—Espera, hija, yo te llevo y te acompaño. —La detuvo Lucius, cuando la joven estaba ya con casco en mano, junto a la puerta de entrada.
 

Jessica le agradeció el gesto con un asentimiento de cabeza. Dejó el casco de nuevo en su sitio y siguió a su padre hasta el garaje. Ambos montaron en el coche en silencio, con semblantes serios, y se dirigieron al Hospital donde Richard había dicho que Jack se encontraba en observación.
 

En cuanto llegaron, Jessica dejó dicho en el mostrador que era la novia de Jack. Dio sus datos y la dejaron pasar. Tras hablar con el doctor y comprobar que era cierto que todo iba bien, tal como le había dicho Richard, pidió verle. El doctor accedió, y le dijo que le acompañara.
 

Y eso hizo Jessica, ir tras él seguida de su padre, que le pisaba los talones. Sin embargo, antes de llegar al lugar del destino, una enfermera detuvo un momento al médico para hacerle una consulta, interrumpiendo la marcha.
 

Justo donde los cuatro estaban detenidos, había una puerta abierta al lado. Ni Jessica, ni tampoco Lucius, pudieron evitar echar un vistazo mientras esperaban a que el doctor reanudara la marcha. Y lo que vieron, los dejó a los dos, estupefactos.
 

—Diana... —susurraron los dos a la vez, totalmente paralizados por la sorpresa.

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