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viernes, 8 de mayo de 2015

Indecisa - Capítulo 3 (LyD Macan)

CAPÍTULO 3

(LyD Macan)

    El resto de la tarde con Jack fue bastante entretenida, a Jessica le permitió conocer algo más del chico con pinta de playboy. Aunque la primera impresión cuando alguien lo veía era de peligroso y chulo, luego no era tanto, aunque tenía un aura de misterio que te atraía como a un imán.
    El chico la acompañó hasta su barrio, pero antes de que cada uno tirara para una dirección, hicieron un parón en un parque cercano a su casa. En cuanto ambos se bajaron de la moto, él aprovechó para agarrarla por la cintura y pegarla a él.
    —Mañana voy a ir a recogerte a casa y te llevaré a clase —le dijo quitándole un mechón de la cara—. Quiero pasar todo el tiempo que pueda contigo.
    «¿Pero si él tiene clase cómo me va a acompañar?». Lo miró un poco desconcertada, aunque por otra parte se sentía… ¿ilusionada? Era una sensación extraña, como mariposas en el estómago.
    —Cla... claro —tartamudeó sonrojándose—. Pero... ¿No tienes clase?
    —Sí, pero no pasa nada si llego unos minutos más tarde.
    —Entonces su... supongo que está bien. —Le sonrió tímida—. Luego te mando la dirección exacta de mi casa.
    —Estupendo, a las ocho estaré allí, te llevaré en mi moto y a la vuelta te recojo. —Sonrió torcidamente.
    Ella asintió totalmente sonrojada por la vergüenza. La sonrisa del chico se hizo más amplia al verla. Éste le cogió la barbilla y le levantó la cara con cuidado para que se vieran a los ojos. Lentamente acercó la cara y atrapó sus labios en un beso suave, pero con el paso de los segundos el chico incrementó su pasión, siendo abrasador.
    Se separaron jadeando por falta de aire; Jessica estaba totalmente roja y con los ojos brillantes. Jack la abrazó por unos instantes, sorprendiéndola a ella y a sí mismo; nunca era tan cariñoso, pero pensaba que esos momentos a ella le vendría bien. Se separó de ella y con un guiño se montó en la Harley, alejándose en cuestión de segundos.
    Mientras ella veía como se alejaba, inconscientemente se llevó una mano a los labios y se los tocó. Estaban un poco inflamados por el impresionante beso que le había dado Jack, beso que la había dejado… en las nubes.
    «¿Qué me está haciendo este chico?», se preguntó mientras se montaba en la moto y conducía hasta casa. Su mente estaba hecha un lío, no entendía cómo podía llamar la atención de un chico como Jack. Y según Richard, cosa que ella dudaba, la de él también. Pero lo que sí tenía claro, es que estaba colada por los dos.
    «Soy masoquista», se dijo a sí misma una vez ya en su cuarto, dejándose caer en la cama y enterrando la cabeza en la almohada. A pesar de lo que hizo Richard en el cine y luego su vago intento de arreglarlo, todavía sentía ese “amor platónico” por él.
    Suspiró y se puso a hablar con su amiga por WhatsApp contándole todo lo que había pasado por la tarde estando con Jack. Hablaron también un rato sobre el extraño comportamiento de Richard, pero no muy largo ya que Jessica estaba muy cansada, y pronto se despidió de Emy y se fue a dormir.
    De pronto, le despertó un pitido y buscó a tientas el móvil. Al desbloquearlo vio que eran las dos de la mañana y que tenía un mensaje de Jack.
    «Hermosa, creo que se te ha olvidado mandarme cierta dirección, ¿o es que estás huyendo de mí, gatita?».
    «Lo siento, me quedé dormida y se me pasó completamente. Aunque... ¿Quién sabe? Tal vez quería deshacerme de ti ;)», le escribió, y sonriendo como una tonta apagó el móvil tras enviarle un segundo mensaje con su dirección; se durmió con la sonrisa todavía pegada en los labios.
    A la mañana siguiente se levantó llena de energías, saludó a su padre que se iba a trabajar y acto seguido, desayunó tranquila.
    Cuando estaba secándose las manos al ritmo de la música moviéndose por la cocina con un baile sensual, un golpe en la ventana la sobresaltó. Al asomarse por la misma descubrió a un Jack sonriendo socarrón. Dejó el trapo en su sitio y abrió a Jack por la puerta que daba al patio. Se hizo a un lado para que pasase, pero sin mirarlo a la cara. Estaba roja como un tomate y muerta de vergüenza.  
    «¡Dios, me ha pillado bailando, que vergüenza!, me pregunto qué pensara ahora de mí...». Se mordió el labio pensativa.
    —No sabía que te movías de esa forma.
    —No suelo bailar... en público, además tampoco me conoces mucho —murmuró mirando para cualquier sitio menos para él.
    —Otra sorpresa que me llevo contigo. —Le sujetó por la barbilla y la miró a los ojos—. No dejas de sorprenderme, Jessica, y eso me gusta.
    Ella retrocedió un paso para coger sus cosas, necesitaba poner un poco de distancia entre ambos; estar cerca de Jack la trastocaba.
    —Bueno, ya estoy... lista —soltó ella mientras se tocaba la oreja con nerviosismo.
    —Pues vamos entonces. —Sonrió burlón y la siguió hasta la salida.
    Cuando llegaron al instituto se formó un pequeño revuelo al verlos llegar, y más cuando él se despidió de ella con un beso en la mejilla, cerca de los labios. Jessi pasó las tres primeras horas como en una nube, ignorando todos los cuchicheos que había sobre ella y el misterioso chico de la moto que la había traído hoy a clase.
    Nada más comenzar la última clase del día, Jessica estaba deseando salir por fin. Durante toda la mañana, Richard no se le había acercado. Eso la desconcertaba, pues ella era consciente de que tenían una conversación pendiente, o al menos eso era lo que creía él; por su parte, no tenían nada de lo que hablar, de ahí que estuviera aliviada de que éste guardara las distancias y solo se limitara a mirarla.
    Estaba entre enfadada y nerviosa por tanta miradita, tanto de reojo como fija. Cada vez que giraba la cara lo encontraba mirándola, ni se molestaba en hacerlo disimuladamente. Por fin la ultima hora acabó y ella se dirigió a guardar el material; así aprovechaba para alejarse del constante escrutinio de Richard.
    Suspiró una vez que dejó las cosas en su taquillas y se dirigió hacia el patio, pero chocó contra alguien. Levantó la mirada y para su sorpresa, era Richard.
    —¿Qué... qué quieres?
    —Solo hablar contigo ahora que estás sola. —Se encogió de hombros quitándole importancia.
    —Pues no puedo, me tengo que ir y…
    En un rápido movimiento, Richard la tenía apoyada contra la pared. Éste apoyó las manos a cada lado de su cabeza, dejándola atrapada. 
    «¿Qué narices se cree que hace?», se preguntó ella viendo como los tonificados brazos de él estaban a ambos lados de su cabeza.
    —Me vas a escuchar aunque sea unos minutos.
    —Mira, no tengo por qué escucharte si no quiero, y ahora mismo no tengo ni tiempo ni ganas de escucharte —le espetó ella empezando a molestarse.
    —¡Lo vas a hacer! ¡Maldita sea, Jessica, solo escúchame! —exclamó él exasperado.
    Ella lo miró asombrada. Nunca lo había visto ponerse de esa forma con nadie, ni exasperarse ni elevar la voz.
    —No... no quiero... —tartamudeó mirando a su alrededor.
    —Yo solo llevé a Anna porque no parecías muy cómoda con la idea de ir solo conmigo y...
    —¡Oh, venga ya! —exclamó ella empujándolo.
    Ella podía aguantar muchas cosas, pero no que encima le echaran la culpa de haber llevado a otra chica. Si lo hizo fue porque él quiso.
    —A mí no me vengas con esas, Richard, no soy estúpida. Espero que te hayas reído a gusto de mí con tus amiguitos —le dijo echando fuego por los ojos.
    —Jessica...
    —¿Qué está pasando aquí? —inquirió una voz a las espaldas de Richard—. Espero que no la estés molestando.
    —¿Tú que demonios haces aquí? —Se giró Richard para encarar a Jack.
    —Vine por ella, habíamos quedado. Y si te digo la verdad —Lo miró de arriba abajo con una mueca desdeñosa—, no me gusta que idiotas como tú la entretengan cuando ha quedado conmigo.
    —Jack... vámonos, por favor —le susurró ella agarrándose de su brazo.
    —Mira, amigo, tú aquí no pintas nada, así que no te metas en conversaciones que no te incumben.
    —Me incumben en el momento en que la estás molestando —dijo Jack dando un paso hacia él—. Procura no melastarla de nuevo o voy a tener que romperte la cara.
    —¡Jack! —exclamó Jessica tirándole del brazo para llamar su atención—. Por favor, vámonos, no merece la pena.
    —Está bien. —Le sonrió a ella y luego miró con desdén a Richard; éste lo miraba con los puños cerrados y con la mandíbula firmemente apretada—. No te vuelvas a acercar a ella.
    Con eso se dio la vuelta y dándole la mano a Jessica se fueron alejando del lugar y dejando a Richard echando humo por las orejas.
    —¡No me voy a rendir fácilmente! —le gritó retándolo.
    Jack se paró y sonriendo como el gato de Alicia en el País de las Maravillas, miró primero a Jessica, le guiñó un ojo y después, se giró para mirar al otro chico.
    —Que gane el mejor, entonces.
    Jessi miró a ambos petrificada, sin entender cómo había llegado a esta situación. 
    «¿Qué va a pasar ahora? ¿Desde cuándo es esto una competición?».

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