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viernes, 15 de mayo de 2015

Indecisa - Capítulo 10 (Encarni Maldonado)

Desde el fin de semana pasado, Jack no dejó de recibir mensajes amenazadores, donde le decían que sabía lo que había hecho, un año atrás, con aquella pobre chica. No paraba de preguntarse quién conocía su secreto y por qué después de tanto tiempo lo atormentaban de esa manera. Él solito se había machacado lo suficiente con lo que había pasado con Diana como para que alguien viniese ahora a recordarle su pasado.
 

Jack se estaba volviendo loco, no quería pensar en eso porque le había costado demasiado superarlo, y además quería mantener toda su atención en Jessica, en lo que la llevaría a hacer esa noche. Tenía que conquistar del todo a esa chica, se había convertido en un desafío, en un elemento para vivir, para respirar. Sabía que estaba un poco complicado por el tema de ese rubio oxigenado llamado Richard; intuía que ella había estado mucho tiempo pillada por él, pero eso lo iba a arreglar pronto...
 

Suspiró mirando por el balcón; esa noche no era muy fría, había quedado con Jessica a las diez, y tenía que coger ya su moto si quería llegar a tiempo.
 

Entró en su habitación, se encasquetó su chupa negra y cogió el casco; acababa de ocurrírsele una idea para llevarla a cenar.


***

Jessica no dejaba de pensar en todo lo acontecido. No había podido hacer plenamente las paces con Emy por mucho que lo intentó a lo largo de la semana, pero es que... ¿Cómo hacerlas teniendo todo esto encima? Ya no sabía si prefería a Richard o a Jack, o a ambos a la vez. Si antes estaba hecha un lío, que su amiga le confesara sus sentimientos había terminado rematándola.
 

¿Y si se olvidaba de Richard definitivamente? Jack era genial, y hasta ahora le iba muy bien con él.
 

El móvil sonó, y ella dio un respingo porque la había pillado desprevenida. Sabía que no se trataría de aquel desconocido que días atrás intentó sembrar la semilla de la duda en ella, pues desde que lo bloqueó, no había vuelto a recibir más mensajes de esa persona. Por eso Jessi supuso que sería Jack para decirle que ya venía a su casa... ¡Y ella aún con el albornoz puesto!
 

Desbloqueó la pantalla del móvil y se sorprendió al ver que el WhatsApp que había recibido no era de Jack, sino de Richard.
 

«Aunque esta semana te he dejado tranquila para no agobiarte, quiero que sepas que sigo en mis trece, pero no te escribo por eso: me gustaría que mañana nos viéramos, tengo que contarte una cosa. Es importante. En el Baúl, a las doce».
 

Arqueó una ceja; Richard era muy insistente. Aunque no parecía querer hablar de su situación amorosa, o de su amistad, o de su no-amistad más bien, sino de otra cosa... Ese mensaje tenía un aire de misterio que nunca habían tenido sus palabras.
 

El Baúl era un pub muy frecuentado por los alumnos mayores del instituto. Y al día siguiente era domingo, ¿acaso no trabajaba con Ryan?
 

Se lo pensó unos segundos antes de responder. ¿Qué querría contarle? Era demasiado tentador como para no querer ir, pero a la vez...
 

No quería ir, porque él se había liado con Emy, y por mucho que le dijera que estaba enamorado de ella, estaba resentida, por no decir que se estaba pensando eso de quitarse de en medio para que su amiga tuviese vía libre con él.
 

Pero... por otro lado... esos ojos azules...
 

Se mordió el labio hasta hacerse sangre, con la pantalla del móvil aún iluminada con su mensaje.
 

«Ok», tecleó finalmente.


***

Jack llevaba diez largos minutos esperando, aparcado en una manzana antes de la casa de Jessica, a que ella se dignara a aparecer. Le había escrito que por favor no se apease al lado de su casa, ya que su padre andaba por el piso de abajo, y lo único que le faltaba es que le hiciera preguntas sobre él. Le había dicho que había quedado con Emy para cenar, y eso de que saliera tan tarde de casa no era algo que a él le gustase, pero al final lo había convencido porque era sábado.
 

Tanta prisa, y al final ella era la que se retrasaba. Negó con la cabeza sonriendo, ¡ésta Jessica!
 

—¿Aburrido sin mí? —dijo una voz femenina a su espalda.
 

Cuando giró la cabeza la vio de pie, sobre unos tacones negros, metida en un vestido del mismo color, corto, y una chaqueta vaquera como abrigo.
 

Desde luego era única; arreglada pero informal, y en ella era una combinación bastante compensatoria.
 

Le dedicó una sonrisa resplandeciente, tanto como la que ella tenía en el rostro.
 

—Un poco, ya era hora —la reprendió como si estuviese indignado, aunque la sonrisilla que tenía de oreja a oreja delatara a kilómetros que pensaba que la espera había merecido la pena.
 

Se puso el casco, y le dio otro a Jessica; esta vez solo usarían una moto.
 

Jessica lo cogió riendo, y con un movimiento rápido, pasó una de sus piernas por el asiento de la Harley y se sentó detrás de él.
 

—Bueno, te dejo que te retrases la próxima vez —le gritó divertida a través del casco mientras unía sus manos por delante del torso de Jack.
 

Jessica no tenía ni idea de a dónde la dirigía ese día; le había dicho de cenar juntos y ella había dicho que sí instantáneamente. Estaba a un paso de ser su novio, o al menos eso pensaba ella. Se había preguntado innumerables veces si él solo se había fijado en ella por lo lanzada que había sido en aquel baño del cine, porque pensara que podría conseguir de ella lo que quisiera a corto plazo. Aunque, por otro lado, no creía que Jack fuese de esa clase de tipos. Pero, ciertamente, no lo conocía demasiado para asegurarlo. Tocaba en una banda, era amable con ella, estaba muy bueno y había abierto un poco su corazón. De eso no había duda. Sin embargo, en su cabeza aún había pensamientos dirigidos a Richard, más después de lo que le había dejado en el móvil hacía menos de una hora. ¿Debía contárselo a Jack? No estaba bien quedar con su "rival" a escondidas, como si fuese a ponerle los cuernos.
 

Aún no le entraba en la cabeza que le hubiese dicho que sí. ¿Estaba loca? Tal vez, ¿y Emy? ¿¿Y si se enteraba Emy?? En realidad no debería enfadarse con Jessica, ya que estaba claro que para Richard ese beso con ella no había significado nada para él pero...
 

Y en ese momento cayó en algo, si para Richard no había sido nada morrearse con Emy, ¿por qué lo había hecho? ¿Era un cabrón sin escrúpulos? Emy era su amiga, podría haberse enrollado con cualquiera, ¿por qué precisamente con ella?
 

Le empezó a hervir la sangre solo de pensarlo, si lo hubiese hecho de otra forma, quizás ahora no estuviese en este lío por él.
 

—¿Pasa algo? —le preguntó Jack nada más parar la moto.
 

Jessica frunció el ceño.
 

—No, ¿por qué?
 

—Porque por poco me dejas sin respiración hace un momento; me apretabas demasiado con las manos.
 

Instantáneamente ella deshizo su abrazo sobre el cuerpo de Jack.
 

—Perdona... tenía un poco de miedo, corrías demasiado.
 

Jack se quitó el casco, se apeó de la moto y la miró; ella también se había bajado ya.
 

—Creía que te gustaba la velocidad, tú siempre vas muy rápido.
 

Pues era cierto, le encantaba ir al máximo, aunque no había encontrado una excusa mejor que estamparle, porque lo siguiente era reconocer que estaba pensando en Richard y en todo lo acontecido con Emy, y no tenía ninguna gana de estropear la velada.
 

—Supongo que no es lo mismo ir delante y conducir tú misma la moto que ir de paquete detrás. —Se encogió ligeramente de hombros, sonriendo un poco para destensar el ambiente.
 

Se dio cuenta de que donde estaban quedaba bastante alejado de la ciudad, pues el cielo cubierto de estrellas se veía plenamente. Estaban en una carretera que no conocía, y como única luz, había una farola adosada a un poste. Lo que rodeaba ambos laterales de la vía era una ristra de árboles a cada lado, con un trasfondo un tanto oscuro.
 

Al final acabó de reconocer ese lugar como las afueras de la ciudad; hacía años que no iba por allí para hacer alguna excursión con su padre en plena naturaleza.
 

—¿Por qué hemos venido aquí? —preguntó con escepticismo, ¿no era una cena romántica en un restaurante caro?
 

No es que a ella le importara eso, pero era la idea que se había gestado en su mente desde el principio, por eso se había arreglado tanto.
 

Jack sonrió seximente.
 

—Para cenar. —Encendió una linterna que ella no había visto y se colgó una mochilita al hombro, cosa que tampoco sabía que llevaba en la moto.
 

Jack la instó a caminar y se adentró en la ristra de árboles oscuros.
 

Jessica apenas podía creer que estuviese en medio de una carretera, calzada con unos tacones, ataviada con un vestido bonito y que Jack la estuviese instando a entrar ahí dentro en esos menesteres.
 

—Te mataré si me caigo rodando, te lo advierto —le dijo al final, medio en serio medio en broma, mientras iniciaba el paso hacia él.
 

Jack soltó una carcajada.
 

Al final la cogió de la mano para ayudarla a ir por el terreno escarpado. Ella empezó a refunfuñar, y Jack, como si Jessica fuese más ligera que una pluma, la asió de la cintura y la levantó del suelo para llevarla a pulso. Entonces las quejas se convirtieron en risas, y el terreno escarpado en el suelo más maravilloso del mundo para ella; nadie la había cogido así nunca, y con eso le quedaba muy claro que aparte de guapo, Jack era muy fuerte.
 

—Vale, se acabó el viaje —dijo él aún con la sonrisa en los labios, dejándola en el suelo.
 

Cuando Jessica levantó la vista, no pudo menos que quedarse alucinada por la estampa: delante de ella había un mirador de madera, y en el fondo, una luna gris metálico se recortaba sobre el negro de la noche salpicado de estrellas.
 

Se acercó a la barra de madera apenas sin darse cuenta, totalmente embelesada con el paisaje; la ciudad quedaba en lo más bajo del valle, con unas luces tan diminutas que parecían el reflejo de esas estrellas nocturnas.
 

—Por tu rostro maravillado, deduzco que te gusta el lugar que he elegido para cenar incluso aunque lleves esos taconazos.
 

Jessica puso los ojos en él; el brillo de sus pupilas era chispeante.
 

—¡Me encanta! Nunca había estado aquí —respondió llena de emoción, hacía tiempo que no se sentía tan fascinada con algo así.
 

Jack esbozó una mirada pícara, dando pasos cortos y sensuales hacia ella.
 

—Me alegro, espero que también te guste la comida, y... el postre. —La asió de la cintura y le plantó un beso pasional en los labios.
 

Definitivamente, ese chico merecía la pena. 


***

Richard llevaba media hora esperando a Jessica en el Baúl, pero hasta el momento no había noticias de ella, ni físicamente ni a través del teléfono.
 

Le había echado veinte mil vistazos a la pantalla del móvil, y siempre veía lo mismo, solo que con un minuto de variación en la hora.
 

Suspiró hastiado. Si ella no venía ahora, no lo haría nunca, y ese chulito se la habría ganado.
 

Quizás fuese muy tarde para echar marcha atrás, si el espacio que había dejado entre ellos su salida con Anna había sido casi insalvable, tal vez lo que había pasado con Emy había hecho que esto ya fuese misión imposible. Sin embargo, ella le había dicho «Ok», pero ahora no aparecía…
 

 Se levantó de la silla para largarse; estaba un poco harto de hacer el gilipollas, nunca se había arrastrado así por nadie, y no entendía por qué lo estaba haciendo ahora por Jessica.
 

Estaba claro que ella le gustaba más que ninguna otra, pero tampoco era plan este. Después de la conversación que había tenido con Noelia, una brecha de esperanza se había abierto en su interior; ese moreno chulito tenía algunas cosas oscuras que quizás Jessica debiera saber, pero si no se dignaba ni siquiera a verlo, no podía hacer nada.
 

—Más vale que sea importante de verdad —dijo la voz femenina de ella a su espalda.
 

Richard se giró sobre si mismo, y la encontró encarándolo con el ceño fruncido y los brazos cruzados. No parecía venir muy predispuesta a hablar de buenas, pero tendría que hacer algo para convencerla de lo que sabía.
 

Se enderezó, pues su mirada arrolladora lo había dejado K.O, incluso enfadada le parecía guapa.
 

—Sí que lo es, por favor, siéntate —le ofreció con un gesto de mano indicando la silla que tenía justo enfrente de él en la mesa que acababa de abandonar.
 

Jessica bufó, aún se estaba preguntando por qué había acudido a esa cita, pero finalmente le hizo caso, y se sentó enfrente de él.
 

—Vale, soy toda oídos.


 


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