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miércoles, 20 de mayo de 2015

Indecisa - Capítulo 15 (Mari Perea)

Emy se alegraba de ver a su amiga más tranquila tras la conversación a tres bandas que habían mantenido, ahora que estaba en los brazos de Richard. Aunque para ello Jessi tuviera que estar justamente así, abrazada al que era el amor plátonico de su vida.

Instantes después, cuando los vio besarse, supo que tenía que olvidarse de dicho amor que a todas luces no era correspondido.
 

Resignada y la vez feliz por su amiga ante tal escena, suspiró. Pero de pronto, un flash rompió el momento tan tierno y tan romántico que estaba sucediendo ante sus ojos. Todavía no se había recuperado de la sorpresa, cuando segundos después, la aparición de una rubia desconocida que, tras la foto robada, dijo que gracias a eso tendría de nuevo a Jack para ella, captó su atención.
 

—¿Quién eres y qué quieres? —dijo entonces ella enfurecida, sin poder evitarlo, cuando fue consciente de que dicha intrusa venía con malas intenciones.
 

—Contigo no va la cosa, pelirroja —fue la respuesta de la rubia desteñida.
 

—¡Claro que va conmigo!, te estás metiendo con mi mejora amiga y con mi amigo.
 

—No tengo problema en declararte la guerra a ti también, pelirroja —aclaró la rubia, aparentemente divertida con la situación.
 

—Tengo nombre, para tu información —le aclaró Emy a la vez que le daba un manotazo al móvil con el que la entremetida había hecho la foto y que todavía seguía sujeto entre sus manos, haciéndolo caer al suelo.
 

 —Eres... —empezó a decir Noelia visiblemente molesta, mientras hacía el amago de lanzarse sobre ella para golpearla por su osadía.
 

—¡Basta! —gritó Richard, interponiéndose ante la rubia y evitando así que ésta la lastimara a ella—. Lárgate de aquí y déjanos en paz. Si quieres decirle a Jack que he besado a Jessica, pues adelante, díselo. Él ya sabe que yo también la amo y que voy a luchar por ella. —Se giró y la miró por encima del hombro y le dijo—: Emy, llévate a Jessi a tu casa y ya mañana veremos qué pasa.
 

—Ten por seguro que Jack sabrá de vuestro beso —aseguró Noelia ignorando a Emy y centrándose en Richard; en esos momentos estaba agachada en el suelo recogiendo su teléfono, que para su buena fortuna, solamente se había arañado un poco y seguía operativo—. De hecho, la foto la hice desde su WhatsApp, y la misma le ha llegado directamente —reconoció satisfecha y con voz triunfante.
 

—¿Richard? —dijo de pronto Jessi, tras reaccionar después de haberse quedado como petrificada con la aparición de la rubia; ver a su amigo echando humo por las orejas y con intenciones de abalanzarse sobre aquella desconocida para estrangularla, la sacó de su estupor inicial.
 

—Jessica, ve con Emy y descansa. Mañana veremos mejor las cosas con la cabeza fría y hablaremos del tema —dijo finalmente el muchacho una vez estuvo más calmado; Noelia había retrocedido un par de pasos, viendo el peligro al que se estaba exponiendo gracias a su lengua viperina.
 

—Anda, Jessi, vamos que te vendrá bien descansar —le animó Emy a su amiga, tirando de ella hacia las motos.
 

—Emy, creo que no tendrías que dejar solo a Richard con Noelia —balbuceó la joven, preocupada por Richard, pues la rubia ésa había demostrado ser una víbora sin compasión ni corazón.
 

—Tranquila, él sabe cómo tratar a muchachas como ella —fue lo último que le dijo a su amiga, antes de arrancar su moto.
 

El camino hacia su casa lo hicieron en pocos minutos ya que no quedaba muy lejos del lugar donde habían quedado para hablar. Y cuando llegaron, las dos fueron directas a su dormitorio y sin apenas hablar de lo ocurrido, ambas se acostaron.
 

Emy era consciente de que Jessi tenía que descansar y pensar en todo lo que le estaba pasando desde que invitó a Jack al cine sin conocerlo siquiera, aquella ya lejana noche.
 

También ella estuvo pensando en ello. De hecho, estuvo a punto de echarle en cara que había sido una irresponsable e impulsiva, que no se pensaba bien las cosas antes de actuar. Pero, se lo pensó mejor. Se dijo que aunque quería lo mejor para ella y que lo más lógico sería decirle todo eso, le daría tiempo para que recapacitara por sí sola y aprendiera a pensar las cosas antes de tomar una nueva decisión, decisión que podría afectar en su vida.
 

De momento, la acogería allí con ella, hasta que estuviera preparada para hacer las paces con su padre y regresar a casa.

***

Jessica seguía teniendo la mente tan liada como horas antes cuando había discutido con su padre y había acabado ganándose, según él, una merecida bofetada.
 

Aunque ahora ella, pensando fríamente las cosas, reconocía que se había precipitado con Jack, seguía sin arrepentirse de haberse liado con él. Según la conclusión a la que llegó tras mucho recapacitar, lo que estaba claro como el agua era que gracias a su aparición, ella se había sentido viva y querida. De ahí que no pensara que había cometido un error cuando decidió intimidar con él. Que tenía que haber ido más despacio... Cierto. Que tenía que haberlo conocido un poco mejor antes de permitir que la besara y se tomara ciertas libertades con ella... Cierto. No obstante, lo hecho, hecho estaba. Ahora tocaba lidiar con todo eso y con Richard; de él tampoco se olvidaba.
 

Pensando en todo eso, la muchacha acabó cayendo en los brazos de Morfeo, pero solo estuvo en los mismos hasta que Emy, pocas horas después, la despertó para que se arreglara, pues tenían que ir al instituto.
 

La mañana fue muy tranquila y las clases le ayudaron a no pensar en nada de lo ocurrido desde que descubrió la existencia de Diana, que fue lo que había desencadenado todo aquel caos mental en el que ahora se encontraba atrapada.
 

Jessica había decidido que era el momento de ordenar su vida y pensar en lo que era bueno y lo que no para ella. Eso fue lo que le había dicho a su querida Emy cuando ésta le había preguntado esa misma mañana, cómo se encontraba y si había tomado una decisión con respecto a Jack. Le había respondido que pondría las vivencias vividas desde que lo conoció, en una balanza, y que sopesaría los pros y contras. Y que, cuando supiera qué pesaba más, así haría.
    


—Hija, quiero pedirte perdón por la bofetada que te di ayer; no era mi intención lastimarte —reconoció éste todo afligido y con ojeras bien definidas, señal de que apenas había pegado ojo en toda la noche—. Tienes que entenderme, fue enterarme de que tu novio había hecho que su anterior novia estuviera en coma, y ponerme enfermo. Eso, junto con tu comentario radical, me superó.
 

—Te entiendo, papá, y te agradezco que te preocupes por mí y que no quieras que sufra por culpa de nadie. Pero ya soy mayorcita para cometer mis propios errores e intentar resolverlos por mi cuenta. Sé que te tengo a ti para cualquier cosa que necesite, pero déjame a mí decidir lo que creo que es bueno o no para mi persona.
 

—De acuerdo, hija, dejaré que tú decidas sobre tu vida. Pero si necesitas ayudas o consejo, recuerda que puedes contar conmigo.
 

—Lo sé, papá, y te lo agradezco. —Fue decir eso, y lanzarse a sus brazos.
 

—¿Vienes a casa? —le preguntó Lucius tras el efusivo abrazo que se dieron.
 

—Voy a casa de Emy a terminar unas tareas y en cuanto termine, voy a casa. Me imagino que será ya para la cena.
 

 —De acuerdo. Hasta la cena entonces, hija —dijo el hombre despidiéndose de ella con un beso en la frente. Justo en ese momento, Emy apareció.
 

—¿Nos vamos, Emy? —le preguntó Jessi, en cuanto la tuvo a su altura y su padre se alejó de ellas.
 

 —Sí —afirmó la peliroja—. ¿Qué ha pasado con tu padre? —preguntó cuando comprobó que el hombre estaba lo suficientemente lejos como para no escucharlas.
 

—Me ha pedido perdón y hemos aclarado las cosas.
 

—Me alegra mucho saber que os habéis reconciliado. —Emy era completamente sincera. Odiaba ver a su amiga afligida y peleada con su progenitor—. ¿Hasta cuándo vas a estar en mi casa? —preguntó segundos después, mientras ambas se ponían los cascos dispuestas a subir en sus respectivas motos e irse en breve.
 

—Hasta la hora de la cena.
 

 —Pues vamos que podamos hacer todas las tareas al completo y así tengamos el fin de semana libre —convino Emy justo antes de arrancar su moto.
 

La tarde de estudio la habían planeado durante el descanso, en el recreo, y según el planing que habían organizado, dejarían todas los deberes hechos antes de la hora de la cena. Y Jessica esperaba que fuera así, pues no quería llegar tarde y más ahora que había hecho las paces con su padre; no quería fastidiarla de nuevo siendo inpuntual.
 

Así que, cuando llegaron a la casa de Emy, ambas se pusieron manos a la obra con las tareas sin distrarse ni descansar. Y gracias a eso, terminaron media hora antes de lo planeado.
 

Cuando Jessica lo tuvo todo recogido y guardado en su mochila, se despedió de Emy tras haber quedado previamente con ella para salir juntas ese fin de semana. Y con las mismas, se fue hacia su casa donde ya le esperaba su padre con la cena lista.
 

—Buenas noches, hija, te he preparado tu cena favorita. —Lucius se la había preparado para compensar su mal hacer del día anterior.
 

—Buenas noches, papá, muchas gracias por la cena. No tenías que haberte molestado.
 

—Lo sé, pero es lo mínimo que podía hacer después de mi brusco comportamiento de...
 

Ring Ring Ring Ring

El sonido del teléfon fijo sonando, interrumpió la conversación.
 

—Dígame —dijo Lucius tras descolgar el teléfono.
 

Segundos después, en los cuales el hombre estuvo escuchando lo que le decían por la otra línea, le ofreció el aparato a su hija.
 

—Jessica, hija, es para ti.
 

—¿Quién es? —le preguntó ella, antes de atender la llamada.
 

—Es Richard.
 

Sin perder más el tiempo, la muchacha se puso el aparato en el oído.
 

—Jessica, tengo una mala noticia... —comenzó a decir el chico, con un matiz de preocupación en la voz.
 

—¿Qué pasa, Richard? —Ahora la voz de ella la que sonaba preocupada.
 

—No quiero que te alteres. Pero creo que deberías saber que Jack ha tenido un accidente y que está en el hospital.
 

A Jessica casi se le cae el mundo encima cuando escuchó eso. Sus peores temores se estaban haciendo realidad.
 

—Pero... ¿cómo? Y él... ¿cómo está? Dime que esta bien, Richard, dime...
 

—Tranquilízate, Jessica. Él está en observación. No tiene nada grave. Estuvo participando en una carrera, y al fallarle los frenos, se estrelló contra un muro de contención. Gracias a que llevaba el cinturón puesto, no rompió el parabrisas con la cabeza cuando se la golpeó, y los daños han sido menores.
 

—¡Menos mal! —exclamó tras suspirar, alivida al saber que todo había quedado en un susto.
 

 Tras despedirse de Richard y darle las gracias por haberle informado sobre lo ocurrido con Jack, se dirigió a su padre, que había escuchado la conversación con atención.
 

—Tengo que ir al hospital, papá, tengo que asegurarme de que es cierto que Jack está bien. —Sin esperar a que su padre le diera la aprobación, se puso en marcha.
 

—Espera, hija, yo te llevo y te acompaño. —La detuvo Lucius, cuando la joven estaba ya con casco en mano, junto a la puerta de entrada.
 

Jessica le agradeció el gesto con un asentimiento de cabeza. Dejó el casco de nuevo en su sitio y siguió a su padre hasta el garaje. Ambos montaron en el coche en silencio, con semblantes serios, y se dirigieron al Hospital donde Richard había dicho que Jack se encontraba en observación.
 

En cuanto llegaron, Jessica dejó dicho en el mostrador que era la novia de Jack. Dio sus datos y la dejaron pasar. Tras hablar con el doctor y comprobar que era cierto que todo iba bien, tal como le había dicho Richard, pidió verle. El doctor accedió, y le dijo que le acompañara.
 

Y eso hizo Jessica, ir tras él seguida de su padre, que le pisaba los talones. Sin embargo, antes de llegar al lugar del destino, una enfermera detuvo un momento al médico para hacerle una consulta, interrumpiendo la marcha.
 

Justo donde los cuatro estaban detenidos, había una puerta abierta al lado. Ni Jessica, ni tampoco Lucius, pudieron evitar echar un vistazo mientras esperaban a que el doctor reanudara la marcha. Y lo que vieron, los dejó a los dos, estupefactos.
 

—Diana... —susurraron los dos a la vez, totalmente paralizados por la sorpresa.

martes, 19 de mayo de 2015

Indecisa - Capítulo 14 (María Orgaz)

Jack llegó a casa abatido, estaba derrotado y destrozado por dentro. Sabía que Jessica estaba muy dolida con él. No solo por su temeridad y el accidente, sino por no haberle contado la verdad desde el principio. Tal vez si hubiera sido sincero, ella habría comprendido de otra manera lo sucedido, pero ya era tarde para volver atrás.

Solo podía rezar para que la dulce joven que le había robado el corazón, quisiera volver a verle tras unos días de separación. No podía ni imaginar cómo podría levantarse por la mañana si no volvía a ver los preciosos ojos de su chica. Era el castigo por su temeridad, el castigo por continuar con las carreras, y no le estaba mal empleado, a fin de cuentas siempre pensó que debía morir para recibir lo que merecía por haber destrozado la vida de la joven Diana, a la que tanto había amado hasta que conoció a Jessica.

Todo había sido culpa de Noelia, si ella no hubiera conocido su secreto, nada habría sucedido, porque habría podido manejar la situación de otra manera. Pero aquella maldita arpía siempre estaba presente para amargarle la vida.

Sus pensamientos fueron interrumpidos porque sonó su móvil. Acababa de recibir un WhatsApp. Se emocionó pensando que podría ser de su querida Jessica. Abrió la aplicación y su expresión se tornó en una expresión de furia y asco. Era Noelia quien había escrito.

«Cariño, siento haber sido tan brusca y haber actuado así, pero tienes que aprender de una vez que eres mío y de nadie más».

Al leerlo, se enfadó muchísimo. Aquella loca estaba amargando su vida desde que la había conocido cinco meses atrás. Maldijo el día en que la sacó a bailar en la discoteca. Si no hubiera empezado a tontear con ella ya que había resultado ser una chica fácil, nada habría sucedido y no tendría a una loca acosadora jodiéndole todos los días. Bastante mal había hecho él las cosas como para que la arpía ayudase a que fuese todavía más desgraciado; la muy loca no aceptaba la roptura que tuvo lugar un par de meses atrás.

Fue a la ducha para tratar de calmarse y pensar qué podría hacer para recuperar la confianza de Jessica. Tenía que ser algo espectacular que la dejase sin palabras para así poder volver a estar con ella, pues lo que más deseaba en el mundo era poder volver a abrazarla.

***

Jessica se encontraba delante de su padre con los ojos como platos al observar las fotografías que sostenía en las manos con unas imágenes impactantes de una chica hospitalizada. Se imaginó que sería Diana, el amor de Jack, aquella joven castaña que por culpa de una imprudencia y de la testoterona de un puñado de tíos estaba casi sin vida postrada en una cama. Se dio cuenta de que había una carta, quería leerla, ver si contaba toda la historia tal como la había escuchado personalmente de Jack. Pero el rostro furioso de su padre frenaba el impulso de arrancarle la carta de las manos.

Jessi tenía miedo de que hubiera algún secreto más de aquel fatídico accidente que le hubiera seguido ocultando Jack; en el fondo de su corazón no podía evitar querer permanecer junto al joven a pesar de su carácter. 

—Papá, yo...

La joven no sabía lo que responder porque ni ella misma sabía lo que pensar de toda aquella situación. Por no hablar de que no sabía qué decir sobre quién era Jack. Hasta aquel momento era su novio, pero no sabía lo que sería a partir de aquel día.

—Siéntate, porque me parece que tienes muchas cosas que contarme —ordenó con voz firme mientras señaló el sofá del comedor.

Jessica obedeció a su padre sin pronunciar palabra. Se imaginaba la descomunal y desproporcionada bronca que le caería por haberle ocultado cosas. Aunque no toda la culpa era suya, a fin de cuentas no tenía ni idea del pasado de Jack. Pero claro, si casi no le conocía. Había sido una imprudente aquel día en el baño, pero aquellos ojos, aquella sonrisa torcida... Era recordarle y su cuerpo se estremecía haciendo que un ligero rubor se instaurase en sus mejillas.

—Empezaremos por lo que debiste contarme hace unos días. ¿Quién es ese Jack y de qué le conoces?

—Pues nos conocimos hace no mucho tiempo y la verdad es que nos gustamos. —La joven no quería dar demasiados datos sobre el primer encuentro ya que la reprimenda sería mucho peor.

En su mente retumbaban las palabras que desde pequeña le había repetido su progenitor «nunca hables con desconocidos».

—¿Quién es la chica de las fotografías y cómo ha acabado ingresada en el Hospital? Aunque no hace falta que me digas nada, por lo que pone en la carta, ya sé las respuestas. Pero sí que quiero saber qué es lo que sabes de esa historia.

Lucius observaba a su hija con los ojos entrecerrados y una seriedad que pocas veces había mostrado hacia ella. Pero la situación era muy grave; no permitiría que su hija sufriera ningún daño siempre que lo pudiera evitar.

—Era la novia de Jack. Tuvieron un accidente, por eso ahora la chica está en coma.

Jessica intentaba mantener la compostura y contener las lágrimas, algo extremadamente complicado teniendo en cuenta que tenía que asimilar toda la situación a la vez que respondía al interrogatorio de su padre. Le estaba resultado muy duro ya que quería a Jack, pero imaginar todo aquello partía su alma en dos.

—Ese Jack cometió una enorme imprudencia y como has visto, por su culpa una inocente chica está en coma. Es un irresponsable. Así que, no quiero que te vuelvas a acercar a él, jamás. ¿Entendido? —No le dio tiempo a su hija para que le respondiera, continuó hablando mientras no dejaba de mirarla fijamente a los ojos—: Ahora sube a tu cuarto, estás castigada hasta nueva orden.

La conversación había terminado al menos para Lucius que bajó la mirada para volver a leer la maldita carta que le había amargado la tarde. No obstante, para Jessica la conversación no había llegado a su fin. Aunque Jack era un temerario todo lo que había sentido estando con él era sincero, era real. Había podido ver parte del alma del joven cuando éste cantó en privado para ella. Por eso, no se pudo contener, se dejó llevar por su corazón, por sus sentimientos, recordando todos aquellos hermosos momentos vividos junto a Jack, y dijo:

—Soy mayorcita para saber si debo ver a Jack o no. No me lo puedes prohibir. Si quiero seguir viéndole es mi problema, es cosa mía. No tienes derecho a meterte en mi vida.

No pensaba lo que decía, tan solo se dejó llevar por lo que le decía su corazón. Un corazón que debía decidir si continuar con Jack o apartarse de él, pero no quería que nadie influyera en su decisión y mucho menos que le ordenasen nada. No había aceptado órdenes de su padre con casi dieciocho años, y no empezaría a hacerlo en aquel instante.

Lucius abrió los ojos desmesuradamente ante las palabras de su hija. No podía creer que quisiera poner su vida en peligro para que aquel macarra inconsciente la enviase también a ella al hospital. Estaba tan furioso que su cuerpo actuó solo, su mano se elevó dándole un sonoro bofetón que desestabilizó a la muchacha.

Ella trató de recomponerse, pero el bofetón había sido muy fuerte y por ello le costó reponerse. Instantes después, puso la mano en la mejilla rosada por el golpe mientras cálidas lágrimas comenzaron a salir sin control alguno.

—¡Te odio! —gritó mientras salió corriendo por la puerta principal de la vivienda.

Necesitaba pensar, en Jack, en Richard, en lo sucedido a esa tal Diana... Eran demasiadas cosas juntas y no podía más, enloquecería si no tenía un respiro para poder pensar en todo aquello. Corrió y cogió su moto para marcharse de allí mientras los gritos de su padre llamándola se iban alejando cada vez más hasta que dejó de oírle. Fue muy deprisa con la moto, siempre había amado la velocidad, y en aquel momento era un bálsamo para su dolor, para que se llevase las lágrimas y todo lo acontecido durante la tarde. Tras conducir y conducir con los ojos empañados por las lágrimas, sin saber porqué se detuvo y se quedó sorprendida de dónde se había detenido. Era la carretera que llevaba al mirador donde había tenido aquella maravillosa cita con Jack. No entendía cómo su subconsciente había recordado el lugar y había acabado allí, seguramente para torturarse más todavía.

Se bajó de la moto y se sentó en el suelo mirando las estrellas, pues ya había anochecido. El cielo mostraba una estampa preciosa, como si del cuadro de un pintor famoso se tratase, era una auténtica obra de arte creada por la naturaleza.

Comenzó a recordar cómo había llegado hasta aquella situación. Todo por un maldito malentendido en el cine, de no haber ido Richard con Anna, ella no habría buscado a un acompañante, no hubiera buscado a Jack y nada de todo aquello habría sucedido, pues si hubiera tenido la cita a solas con Richard ahora sería su novio y estaría feliz. Pero no podía negar que todo aquel tiempo en el que había estado con Jack había estado pletórica y muy alegre además de sentirse querida y viva. Pues aquel joven motero de sonrisa torcida había llegado hasta su corazón.

Fue recordando todo lo vivido con Jack, todo lo que sentía por Richard, al que había visto preocupación en la mirada cuando le contó la verdad sobre su novio. Tal vez era cierto que quería conquistar su corazón de forma sincera. Pero su mente le recordó que el rubio que todavía ocupaba una parte en su corazón se había besado con su mejor amiga Emy. Era cierto que sentía celos pero... necesitaba a su amiga más que nunca. Llevaba días echándola de menos, echando de menos la relación que habían tenido desde pequeñas. Cogió su móvil para llamarla, pero se dio cuenta de que tenía varios WhatsApps de su amiga. Por lo que Jessica dibujó una amplia sonrisa en su rostro, tal vez ya podrían volver a ser las de siempre. Abrió los mensajes con mucha ilusión.
   
«¿Estás bien? ¿Dónde has ido? Tú padre acaba de llamar a mi casa para ver si estabas aquí. Estaba histérico y no paraba de gritar. Y me he quedado preocupada».

Su amiga estaba preocupada, entonces quizás podrían hablar. Seguro que ella le ayudaba a decidir, porque aunque quería a Jack, todo lo sucedido con Diana era... muy complicado de asimilar. Así que no se lo pensó y respondió rápidamente.

«Mi padre y yo hemos discutido muy fuerte, y hasta me ha dado un bofetón. Necesitaba pensar porque ha pasado algo muy grave. ¿Crees que podríamos quedar para hablar un rato? Necesito recuperar a mi amiga».

Observó la pantalla hasta que salió el doble check que indicaba que su WhatsApp estaba enviado y casi creyó saltar de alegría cuando vio que el doble check se puso azul, señal de que Emy había leído sus palabras. Debajo del nombre de usuario vio la palabra"escribiendo..." y se levantó de un salto por la emoción. En unos pocos segundos tuvo la respuesta de su amiga.

«¿Qué ha pasado? No me asustes... De acuerdo. Quedamos en el parque del insti, que si mi padre te ve llamará al tuyo. Le diré que me voy al cine, así tendremos tiempo para hablar. Ahora nos vemos».

Jessica se puso el casco y arrancó la moto para llegar al lugar donde se encontraría con Emy. Y tras unos cuantos minutos llegó a su destino. Su amiga ya estaba esperándola, sentada en uno de los bancos del parque. Al verla se levantó pero no se movió del lugar. Jessi fue hacia ella corriendo para abrazarla mientras su fuerza interior volvió a derrumbarse.

—No llores, tranquila. Cuéntame qué ha pasado —dijo con preocupación mientras ayudaba a su amiga a sentarse en el banco.

Jessica relató todo lo acontecido en los días en los que su amistad se había enfriado mientras Emy escuchaba con atención; la chica no quería interrumpir hasta que finalizara todo el relato. Sin embargo, no pudo evitar que en su rostro se dibujara una mueca de horror al conocer el trágico accidente de Diana. Cuando Jessi finalizó y llegó a la parte de la discusión con su padre y terminó de hablar, Emy trató de pensar bien en lo que le iba a decir a su amiga, pues veía el estado de nervios en el que se encontraba.

—Estoy sin palabras... Es que cuesta creer que haya pasado algo así. Pero recuerda que te lo dije. Te dije que no conocías a Jack  lo suficiente como para comenzar con él un noviazgo serio. No sin conocerlo primero más detalladamente. Y como ves, no me estaba equivicada —dijo su amiga en tono serio.

—Por favor, lo último que necesito ahora es que me digas eso. Además, creía que tu querías a Richard y  si yo estaba con Jack, tú tenías entonces el camino libre —contestó irritada y sintiendo celos solo de recordar a su amiga entre los brazos del rubio de clase.

—Jessica, por favor. No seas niña. A pesar de todo, creo que Richard sería mejor para ti que Jack, a la vista está por lo ocurrido. Y por mucho que me fastidie y aunque me guste Richard, yo a él no le gusto, porque está coladito por ti —reconoció triste por admitir la verdad, pues ella era consciente de que no tenía posibilidades de poder conquistarle.
Jessica vio la tristeza en el rostro de su amiga y entendía que también lo estuviera pasando mal. Había sido un poco egoísta por no tratar de comprender a Emy antes, ya que los sentimientos del corazón son complicados de controlar. Ella lo sabía muy bien, pues si hubiera controlado sus sentimientos no se encontraría en aquella batalla de emociones y sentimientos con respecto a Jack y Richard.

Estuvieron un buen rato hablando; volvían a ser las amigas de siempre. Era lógico que en un momento tan complicado, se necesitasen mutuamente. El amor era algo extremadamente complejo y doloroso, sobre todo en la adolescencia.

Un roce en el hombro de Jessica interrumpió la conversación.

—¿Cómo estás? —preguntó Richard con gesto de preocupación en el rostro.

—¿Qué haces aquí? —La muchacha no entendía lo que hacía Richard allí; sus sentimientos hacia él eran contradictorios, por eso no sabía cómo hablarle ni cómo comportarse ante su presencia.

—Lo he llamado yo —confesó Emy levantando el dedo índice de una de sus manos y agachando la mirada.

—¿Por qué le has llamado? —contestó Jessi tratando de sujetar las lágrimas que se morían por volver a salir de sus ojos de lo tan afligida que estaba.

—Me preocupaste mucho al escribirme. Sabía que tendría que ver con Jack y con Richard. Por eso le pregunté —Señaló al aludido con la cabeza—, pero no me dijo casi nada. Así que pensé que lo mejor era quedar los tres y hablar las cosas —contestó con preocupación en la voz.

 Jessi entendía que su amiga solo trataba de ayudar, y debía ser tremendamente complicado ya que estaba interesada en Richard. Esbozó una pequeña sonrisa y abrazó con cariño a Emy. La quería mucho y no quería volver a alejarse de ella. Se levantó del banco, cogió del brazo a Richard para hablar a solas. Necesitaba saber muchas cosas.

—¿Cómo sabías lo de Diana? ¿Por qué me lo has contado justo ahora? —Su voz sonaba autoritaria ante la atenta mirada de Richard.

—Me lo dijo una persona del entorno de Jack. Y viendo que te estabas involucrando tan a fondo con él, creí que debías saberlo. Sabes que quiero estar contigo y viendo que no he parado de meter la pata una y otra vez, sobre todo cuando he tratado de darte celos, pues pensé que abriéndote los ojos te estaría haciendo así un favor. Mis intenciones eran arreglar nuestra... —dejó la frase a medias.

—Enrollarte con mi mejor amiga no fue una buena idea. Creo que es la peor idea en la historia de las ideas. Y pegarte con Jack y sacar sus trapos sucios tampoco lo son... Dime quién es tu confidente, y qué saca a cambio de todo esto. ¿Qué es lo que le has ofrecido a cambio de la información? —preguntó seria y preocupada.

Richard veía que Jessica ya estaba rota por dentro con todo lo acontecido. Lo último que quería era darle otro mazazo emocional diciendo que su confidente era novia o al menos amante de Jack. Pero la chica necesitaba una respuesta, podía leerlo en sus ojos.

—Eso es lo de menos, no tiene relevancia alguna. Tú confía en mí. Sabes que solo quiero lo mejor para ti y estar contigo. Déjame mantenerte a salvo, por favor... —Su tono era de súplica.

El joven se acercó a Jessica rodeándola entre sus musculosos brazos. Al principio ella se quedó petrificada, pero tras unos segundos se escondió en su pecho. Dejando que las lágrimas cayeran sin control. Durante unos largos minutos ninguno de los dos se movió. Richard se sentía en el cielo, al fin tenía a la chica de sus sueños entre sus brazos. Estaba seguro de que Jack había quedado fuera de combate, y que por fin tendría la oportunidad de conquistarla.

 Mientras duró el largo y reconfortante abrazo, Jessica se sintió bien, se sintió segura. Dio gracias de que su amiga hubiera llamado a Richard para ir a su encuentro. Después de llorar todo lo que pudo, las lágrimas dejaron de caer por su rostro. Estaba más tranquila tras haberse desahogado. Se separó un poco del chico y le miró a los ojos. Conectaron sus miradas de una forma casi mágica. Hasta que él se percató de la señal rosada que Jessica tenía en la cara.

—¿Y este golpe? ¿Jack te ha pegado? —dijo con nerviosismo en la voz y la mirada endurecida.

—No, no. Es que he discutido con mi padre... —contestó ella bajando la mirada toda avergonzada.

***

 Noelia tras ver lo sucedido entre Jack y Jessica se sintió pletórica, su plan estaba saliendo a las mil maravillas. Se marchó a casa para celebrar su victoria. Más tarde volvería a charlar con Richard para ver si éste ya le había apartado a la petarda de Jessica, del camino hacia los brazos de su adonis llamado Jack; aquel joven rubio le había sido de más utilidad de la que había creído. Y lo sería mucho más.

Envió un mensaje a su queridísimo Jack para ponerle las cosas claras. Él era suyo y de nadie más, ninguna niña pija le volvería a tocar jamás.

Después de descansar un poco, Noelia decidió salir a dar una vuelta. Tal vez encontraría a Jessica vagando desconsolada por haber descubierto el secreto de Jack. Y si podía partirle la cara o hundirla más en la miseria, lo haría. Ella por su hombre estaba dispuesta a hacer cualquier cosa.

Como sabía todos los datos de la joven gracias al guapo y rubio de Richard, se puso a pasear por la zona con la esperanza de tropezarse con ella. Y no imaginó que el paseo sería tan gratificante...

***

Richard se sintió aliviado en parte al saber que Jack no había maltratado a Jessica. Lamentaba que se hubiera llevado un bofetón de su padre, pero entendía el enfado y el consiguiente bofetón. En casa cuando se portaba mal también había recibido más de uno. Cogió la mejilla de la joven para que sus miradas volviesen a conectar, y así lo hicieron. Hasta pudo ver una pequeña sonrisa en los suaves y carnosos labios de Jessica. Fue la señal para él, se acercó lentamente hacia ella hasta que comenzaron a besarse. Parecía la escena de una película, el chico guapo besándose con la chica más hermosa del instituto bajo una noche estrellada junto a un árbol. Solo faltaba un coro de angelitos tocando el arpa.

Todo era absolutamente perfecto hasta que un flash interrumpió el momento «beso de película», y la joven reaccionó apartando a Richard de un empujón. Jessica le miraba sorprendida porque no se esperaba un beso en un momento como aquel, pero además quiso observar quién había hecho una foto. Para él había sido una interrupción de lo más inoportuna porque había roto aquella atmósfera. No podía creerlo, Noelia estaba delante de ellos con una sonrisa malévola tan amplia que juraría que le hubiera rodeado toda la cabeza. En aquel momento empezó a arrepentirse de haberse aliado con semejante serpiente con tacón.


—Vaya, vaya... yo haciendo planes elaborados para librarme de ti, y resulta que tú solita haces todo el trabajo —dijo Noelia observando a Jessica que estaba sorprendida de que aquella desconocida estuviera hablando con ella y le hubiera hecho una fotografía, la muchacha estaba desconcertada y su rival se regodeaba de su ventaja—. Ahora sí que lo tuyo con Jack ha terminado. Después de que éste vea cómo has corrido a los brazos de Richard para morrearte con él, no querrá volver jamás a saber nada más de ti —añadió mientras vio con gran satisfacción cómo los ojos de Jessica se agrandaron y comenzaron a llenarse de lágrimas.


lunes, 18 de mayo de 2015

Indecisa - Capítulo 13 (D. C. López)

Se sentía como un mierda. Como una grandísima mierda. Por un lado, se sentía bien por haber puesto a Jessica en conocimiento del turbio secreto que tan bien había guardado celosamente Jack. Sin embargo, por otro lado estaba hecho polvo por haber sido el causante del dolor que estaba padeciendo la chica de sus sueños en cuestión. El verla llorar desconsolada, rota, le había partido el alma a él. Pero no tenía otra opción, o se lo decía él para que supiera con qué tipo se estaba viendo, o al final se lo acabaría desvelando la bruja de Noelia. Y fijo que esta se lo hubiera contado de tal manera, que el machazo hubiera sido mucho peor, más destructivo y doloroso; era obvio que esa rubia descolorida, disfrutaba con el dolor ajeno.

Tras dedicarle una mirada asesina a la chica de marras, que estaba en la otra punta del Pub sentada en la barra con una cerveza entre sus bien cuidadas manos, Richard tomó el casco que había dejado apoyado sobre una de las sillas que habían al rededor de la mesa en la que minutos antes había estado hablando con Jessi, y se fue directo a los aparcamientos sin molestarse en tratar con aquella arpía llamada Noelia; ahora que había cumplido con su parte, con su objetivo, no quería volver a verla, ni en pintura siquiera.
 

Segundos después, mientras iba montado sobre la moto en dirección a su solitaria casa, pensó en la manera de tener un nuevo acercamiento con Jessica. Tenía la intención de ser su pañuelo de lágrimas, quien le consolara ahora que estaba tan necesitada de apoyo y el que le hiciera olvidar a ese malnacido que había resultado ser un impostor.


***

Ya no tenía más lágrimas para derramar. Sus ojos estaban ya secos. Y por lo visto, Jack estaba igual que ella, en idéntica situación.
 

—Yo... —Jack no supo qué más decir. Acababa de confesarle que fue un cabeza loca, un chulo prepotente que antepuso sus ganas de gloria, ante la prudencia, consiguiendo así destrozar la vida de una encantadora muchacha—. Lamento todo lo ocurrido. El accidente, las repercusiones posteriores y el haberte ocultado esta siniestra parte de mi vida... —Ahora que había encontrado el valor de abrirse, las palabras salían solas como si nada—. Nunca fue mi intención hacer daño a nadie.
 

Esto último lo dijo en un susurro, ya que según iba pronunciando las palabras, éstas iban perdiendo intensidad. Se limpió una vez más las mejillas aún un poco húmedas, con el dorso de una de sus manos.
 

—Lo sé. No te creo capaz de hacer algo así adrede —reconoció ella, tras el incómodo y corto silencio que se había establecido entre ellos, tras las sinceras palabras de Jack—. ¿Sigues participando en carreras? —soltó ella antes de que él pudiera decir algo.
 

Jack se puso pálido y tan rígido, como una estatua de granito. ¿Cómo podía confesarle abiertamente, que después de lo de Diana había seguido corriendo de manera temeraria, sin miedo a la muerte, porque en cierto modo, la andaba buscando? Según él, era lo que se merecía como castigo por lo acontecido casi un año atrás.
 

La muchacha, al ver el cambio obrado en él y al no recibir contestación alguna en el acto por su parte, dedujo la respuesta por si misma.
 

—Por tu silencio, deduzco que así es...
 

Jessica, mientras esperaba a que él dijera algo, lo miró con un cúmulo de emociones congregadas en sus pupilas. Sentía pena, tristeza, compasión, compresión, y al mismo tiempo, preocupación. Preocupación por no saber cómo afectaría todo lo que acaba de descubrir, en su relación con él... ¡Por todos los diablos, si el chico no había aprendido la lección y seguía jugándose la vida! Y, para qué obviarlo, la de los demás también.
 

Era consciente de que ya no lo vería con los mismos ojos. Ahora sabía que él, además de ser un irresponsable, había amado a otra, si es que no la seguía amando aún después de lo ocurrido, y que era capaz de ocultarle algo de tan tremendo calibre. Si no se lo hubiera contado Richard, entonces, ¿qué, jamás se habría enterado de que había una chica de su edad, medio muerta en un hospital por culpa suya, por confiar en él? Cierto era que los accidentes ocurrían, y que Jack no tenía del todo la culpa. Diana había montado en el coche, sabiendo los riesgos a los que se exponía, sin que nadie la forzara. No obstante, el que había aceptado aquél estúpido reto de la carrera ante un puñado de amigos, el que había ignorado las advertencias de la chica, y el que había empotrado el coche contra el muro del almacén, había sido él; y si no fuera por su amigo Richard, él jamás se lo hubiera confesado. Y eso, junto con todo lo demás, le dolía horrores. Eso de que Jack no confiara en ella, la había defraudado, dolido.
 

Él intentó un acercamiento, pero ella dio un paso hacia atrás, alejándose de él; todavía estaba conmocionada y tenía mucho qué pensar. Entre que nunca había estado del todo segura de que lo suyo con él fuera a funcionar debido a que apenas se conocían, entre los sentimientos que aún sentía por Richard, y lo que acababa de descubrir, la pobre, a esas alturas, se encontraba más confundida y perdida que nunca.
 

—Jessi... —susurró el compungido chico al verla alejarse, huyendo en cierto modo de él—. ¿Es que me temes? ¿Crees acaso que a ti también te haría daño?
 

Su voz se quebró, a la vez que sus labios temblaron ante la idea de haberla perdido ahora que había conseguido conquistarla. Una conquista que pintaba ser efímera, por como se estaban desarrollando los acontecimientos.
 

—No, no es eso —respondió ella enérgicamente, con quizás más fuerza de la que hubiera deseado emplear—. Lo que ocurre es que estoy cansada emocionalmente. Necesito estar una temporada sola, para asimilar todo esto.
 

Jack, que seguía con los hombros hundidos, todo derrotado, asintió con la cabeza tras suspirar con resignación.
 

—Está bien, te daré todo el espacio que necesites. Tómate el tiempo que creas conveniente. Yo te estaré esperando —hizo una pequeña pausa para darle más énfasis a la palabra que pensaba pronunciar a continuación—. Siempre.
 

Aunque a Jessica le dolía verlo así, hecho polvo como ella se sentía también, no cambió de parecer. Sabía que no tenía que tomar una decisión estando en caliente, de ahí que quisiera tomarse un tiempo y pensarse las cosas ya en frío. Estaba su futuro en juego. De la decisión que tomase, la de seguir siendo la novia de Jack a expensas de que cualquier día de estos tuviera de nuevo otro accidente en el que perdiera la vida, o no, su destino sería de una manera o de otra. Pero la cuestión era, en el caso de decidir no seguir con él, ¿se conformaría con ser simple amigos? Y si elegía la otra opción, ¿cómo podría ella vivir sabiendo que en cualquier momento su chico podría acabar empotrado contra una pared?
 

«¡Vaya lio! No sé qué hacer. A pesar de todo, sigo colada por él. Es sentir su mirada sobre mí, y sentir mariposas en el estómago. Sin embargo, con Richard me pasa igual... ¿Qué hay mal en mí?», se preguntó mentalmente Jessica, toda hecha un manojo de emociones contradictorias.
 

—Llévame a casa, por favor —le pidió tras otro incómodo silencio.
 

Jack no dijo nada, se amasó el pelo despeinándoselo, para acto seguido enfundarse nuevamente el casco. Una vez hubo arrancado la Harley tras haberse montado encima de ella y ya sin el caballete puesto, notó a sus espaldas como Jessica tomaba asiento detrás. Y como la anterior vez, la chica se aferró nuevamente a su cintura, para ir bien sujeta.
 

El muchacho se recreó en la sensación de ese contacto, pues era consciente de que pasaría algún tiempo antes de volver a tener un contacto físico con ella, si es que alguna vez lo volvía a tener. Eso dependía de ella.
 

Y a él, por mucho que le jodiera la situación en la que ahora se encontraba por culpa del mete-en-todo de Richard, no le quedaba otra que resignarse y esperar, además de rezar para que ella no decidiera finalmente, alejarse del todo de él.


***

Jamás había pensado que al llegar a casa se iba a encontrar con tal panorama. No esperaba encontrarse a su padre todo desquiciado y preocupado, yendo de un lado para otro en medio del salón, con un sobre en la mano.
 

Cuando Lucius se percató de su presencia, corrió a paso ligero hacia ella, con la cara desencajada.
 

—¿Me puedes decir qué es esto y quién es Jack?

domingo, 17 de mayo de 2015

Indecisa - Capítulo 12 (Janire Fernández)


—¡Basta! —Jessica se levantó de la silla gritando, horrorizada por las palabras de Richard—. No quiero oír ni una palabra más. No me puedo creer que hayas caído tan bajo. Inventarte algo así de Jack...

—Jessica, por favor, créeme. No me gusta lo que te estoy diciendo pero te aseguro que es verdad. Ese... Jack —dijo con un tono cargado de asco y odio—, se las apañó para que la familia de esa tal Diana no lo denunciara. El muy cobarde ni siquiera pagó por lo que había hecho. Es un monstruo Jessica. No deberías estar cerca de él.

Jessica creía que se iba a desmayar. Lo que acababa de oír aún le resonaba en la mente y la cabeza le daba vueltas. Notaba como su cara perdía lentamente el color y sus piernas le temblaban. Debió de hacer un ademán de caerse, porque Richard se levantó muy deprisa y la cogió de los brazos.

—Suéltame —le dijo con una voz muy débil—. Te lo estás inventando. No puede ser cierto nada de lo que has dicho. Jack no es así. Lo sé, le conozco.

«Pero, ¿realmente lo conozco? Para, no. Tiene que ser una mentira. Jack no sería capaz de hacer algo así», se dijo a sí misma mientras mil imágenes comenzaron a golpearle la mente, una tras de otra: la mano de Jack acariciando la suya el primer día en el cine, su sonrisa torcida mientras la aguardaba en las taquillas, el mirador de madera, sus dedos acariciando las cuerdas de la guitarra, sus ojos negros clavados en los de ella...

—No te estoy mintiendo, Jessica, pero puedes preguntárselo a él mismo. —Sin comprenderlo del todo, Jessica miró hacia la puerta del Baúl, donde Jack la miraba sorprendido y, a la vez, preocupado.


***


Después de despedirse de Jessica, Jack había recibido un mensaje de la pesada de Noelia.
«Parece que esa mocosa con la que juegas últimamente ha decidido pasarse por el Baúl esta noche, y por lo que veo está muy bien acompañada».

Iba a ignorar el mensaje cuando de pronto le llegó una imagen en la que Jessica aparecía sentada una mesa con ese chico que no paraba de entrometerse entre los dos: Richard.

Se subió a su Harley Davidson de inmediato y no pensaba en otra cosa que darle una lección a ese niñato entrometido. No obstante, cuando llegó allí, se le olvidaron por completo sus celos. Algo no iba bien. Richard le cogía de los brazos a Jessica, que se encontraba a penas de pie, pálida y con la cara llena de lágrimas. Ésta, en cuanto lo vio, se acercó muy deprisa hacia él. Jack se sentía nervioso y preocupado pero no entendía por qué motivo. Abrió sus brazos para abrazarla pero Jessica no le dejó, imponiendo una barrera invisible entre los dos.

—Dime que no es verdad. Por favor. Dime que no es cierto lo de la chica y lo de que por tu culpa...

Jessica no fue capaz de terminar la frase porque sus propias palabras la ahogaban. El corazón de Jack pareció dejar de latir de golpe. «... lo de la chica y lo de que por tu culpa...». La miró horrorizado y aturdido. Sabía perfectamente de qué estaba hablando. De pronto sintió que todo en su interior se hacía en pedazos, y que cada trocito de él rasgaba la poca esperanza que le quedaba. El miedo empezó a abrasarle por dentro. La iba a perder a ella también, seguro. Se había enterado de aquello.

—Pero... ¿cómo?

Al ver que Jack no decía nada, Jessica empezó a gritar, a hacerle preguntas y a pegarle en el pecho. Pero Jack no sentía nada: no la oía, no notaba sus golpes, no percibía que todos los del pub los estaban mirando. Tenía un enorme nudo en el estómago y sus pulmones parecieron encogerse. Entonces, miró más allá, y vio que Richard miraba a todos lados menos a él, y cuando al fin sus miradas coincidieron, vio la culpa grabada en sus retinas; su miedo se convirtió en ardiente furia.

—¿Has sido tú, verdad? —gritó de tal manera que la pregunta parecía una afirmativa.

Se apartó de Jessica sin apenas tocarla y se dirigió hacia él con el puño levantado. Su objetivo era desquitarse y descargar toda la adrenalina en él, en el bastardo culpable y causante de que Jessica supiera su secreto, pero unos brazos lo agarraron por detrás y el golpe no llegó.

—¡Jack, para! —Jessica lo agarraba con fuerza temiendo que Jack volviera a intentar dar otro puñetazo—. ¡Para, por favor!

Richard no se había movido de donde estaba en ningún momento. En cierto modo, disfrutaba con lo que estaba viendo, y eso a Jack lo consumía con una rapidez feroz.

Pero, en parte, ella tenía razón. Debía parar. Y lo más importante, debía contarle la verdad a Jessica, por muy incapaz que se sintiera de hacerlo. Cogió de la mano a Jessica y se acercó a su oído.

—Acompáñame, por favor. Creo que te debo una explicación.


***


«¿Debería acompañarle?», pensó Jessica. Se le quedó mirando a los ojos, indecisa. Después de lo que le había contado Richard y del comportamiento de Jack, no sabía qué hacer, si volver a confiar en el chico del cine o alejarse de él.

—Jessica, por favor...

Notó un tono desconocido en su voz, un tono que nunca pensó que escucharía, un tono que suplicaba, desesperado y frágil. Entonces se notó que a Jack le temblaban las manos y se dio cuenta de que le brillaban los ojos de una manera que no lo había hecho antes.

—Está bien, vamos.

Jack se dirigió a su moto y antes de subirse miró a Jessica dubitativo, como si pensara que fuera a huir. Jessica se sentó detrás de él después y lo agarró con fuerza por la cintura. Esto, de cierto modo, lo reconfortó, pues lo que tenía que hacer a continuación, en cuanto llegaran a su casa, era algo más que revelar un secreto, era enfrentarse a un terrible error del pasado que aún lo castigaba.


***


Casi doce meses antes...

Llevaban dos horas tocando y cantando pero no le importaba. No quería parar. Había conocido a Diana tres meses, en el mismo bar donde tocaba la guitarra. Fue allí donde escuchó por primera vez esa hermosa voz. Melodiosa, dulce y enérgica. Todo a su alrededor parecía congelarse cuando la escuchaba cantar. Hace tres meses que la había conocido, y hace dos empezaron a componer juntos canciones para presentarlas en el Dylan’s.

Hacían un equipo increíble. Más que eso. Jack sentía que tenían una conexión más fuerte de la que se pudiera tener con ninguna otra persona. La amaba. Por primera vez en su vida, amaba de verdad a alguien. En ningún momento, ni siquiera cuando la tenía delante, podía quitarse de la cabeza el brillo que irradiaba constantemente: el brillo de su pelo castaño, el brillo de sus ojos a donde quiera que mirara, el brillo de su sonrisa... Y lo mejor de todo era que ella también le quería. Se habían besado el día anterior en el parque, cuando la convenció de que se escapara de casa por la noche por unas horas. Ella le había confesado que su mayor sueño en la vida era viajar por el mundo cantando de escenario en escenario y él le había dicho que su deseo, aunque no en un futuro, era tenerla a su lado fuera donde fuera. La noche había sido fantástica. Pero esta vez, después de la sesión, tenía pensado algo distinto, quería sorprenderla.

La llevó a un polígono industrial abandonado donde se reunirían con los viejos amigos de Jack. Le habían retado a una competición de derrapes, como habían hecho cada año hasta ese día, y él aprovechó la ocasión para sorprenderla llevándola a un lugar diferente de donde solían ir y hacer algo distinto. Distinto al menos para ella.

—Jack... —dijo Diana sosteniendo la puerta del coche que les habían dejado—. No creo que esta sea una buena idea...

—No te preocupes por nada, Di, te lo vas a pasar bien. Ya lo verás.

Diana se sentía muy insegura. Aquello no estaba bien. Una vocecilla en su interior le gritaba que no se subiera al coche.

—Pero, si ni siquiera tienes el carnet de conducir...

—Es verdad, no lo tengo. Pero no tienes por qué preocuparte por eso. Llevo varios años conduciendo coches en el taller de mi padre. —Al ver que lo la había convencido, le sonrió y dijo—: Tranquila, no dejaré que te pase nada malo.

Diana al final cedió y se subió al coche. Se pusieron el cinturón y Jack arrancó el coche. Ninguno de los dos se dio cuenta de que el cinturón del copiloto no estaba bien abrochado. En los primeros derrapes Diana agarraba con fuerza su asiento, y miraba con miedo por la ventana cómo otros coches hacían lo mismo que ellos a una distancia no muy lejana. Después, acostumbrada a aquella sensación “descontrol controlado”, se relajó y comenzó a gritar, divertida, dejando que la adrenalina recorriera su cuerpo.

—¿Te estás divirtiendo? —gritó Jack sin apartar la vista de la pista improvisada.

—¡Sí! —gritó ella, y ambos se rieron.

Jack se sentía cada vez más motivado. Le encantaba ver a Diana así y cada vez él quería más. Había llegado la hora de hacerlo, iba a impresionarla. Cogió más velocidad que en las veces anteriores, totalmente seguro de sí mismo y de que aquello le iba a encantar. El coche se dirigía muy rápido en línea recta hacia el almacén que tenía delante. Tenía que haber derrapado un momento antes pero quería llegar al límite. La seguridad que Diana había conseguido hasta ese momento menguó.

—Jack...

Él no escuchaba, estaba convencido de que lo conseguiría. Los conductores de los otros coches comenzaron a tocar la bocina y a gritarle, pero tampoco les hizo caso.

—¡¡¡Jaaack!!!

Cuando había llegado a ese límite, Jack pisó el pedal del freno y giró el volante, pero no lo hizo lo suficientemente deprisa y éste se giró noventa grados e impactó contra el almacén por el lado del copiloto. Un gran estruendo dio paso a un doloroso silencio, y un doloroso silenció se rompió con un grito desgarrador.


***


Jessica se sentía conmocionada con aquella historia. Escuchó a Jack con los ojos bien abiertos y se sorprendió con la manera de contarla: tan sincera, tan sentimental...

Jack, después de narrar el impacto, se calló bruscamente y miró hacia otro lado. Su respiración era acelerada y sus músculos estaban tensos. Aun así, Jessica no pudo reprimir la pregunta:

—Entonces, Diana está... ¿está muerta?

Se arrepintió de haberlo dicho así, de haber sido tan brusca. Jack volvió a girar la cabeza para mirarla y lo que ella descubrió fueron unos ojos vidriosos, a punto de estallar en lágrimas.

—No... no lo sé...

—¿Cómo que no lo sabes?

—Ella... ella está... —Jack no podía decirlo y sin poder contenerese por más tiempo, empezó a llorar.

 Jessica corrió a su lado y lo abrazó con fuerza. Se sentía fatal por verlo llorar, por ver caer las lágrimas en la cara de aquel chico con aspecto de duro e impenetrable. Notó como los pulmones de él se inflaban.

—... está en coma.


sábado, 16 de mayo de 2015

Indecisa - Capítulo 11 (Elizabeth Luna)

Richard la miró. Era verdaderamente hermosa. No se refería solo a sus ojos en forma de avellana color miel. Tampoco a sus cejas arqueadas o su pequeña y recta nariz. Ni a sus dulces labios, húmedos y rosas, que escondían una tímida sonrisa de dientes alineados. Ni siquiera eran los hoyuelos que decoraban sus mejillas. No tenía que ver con nada de eso, era su luz. La que irradiaba. Esa luz en la que él deseaba envolverse y junto a ella convertirse en el big bang del siglo XXI.

 —¿Y bien? —la voz de Jessica lo sacó de sus pensamientos—. ¿Qué era eso tan importante que querías decirme? ¡Ya sé! ¡Qué eres imbécil! Ah, no, eso ya lo sabemos. ¡Qué eres un Yony Melenas Terror de las Nenas! Ah, no, eso también lo sabemos, te vi la otra noche con Emy. ¡Ya sé! ¡Qué...!

—¡Ya basta! —Richard no la dejó continuar—. ¡Lo siento! ¡Joder! Lo de Emy fue solo para darte celos. Fue una gilipollez.

 Jessica lo observaba. Parecía sincero. Tenía ojeras y el rostro abatido. Deseó abrazarlo. Fundirse contra su pecho y aspirar su aroma. Acompasar su respiración con los latidos de su corazón y permanecer allí de por vida. En el mejor lugar del mundo, su pecho. 

—Disculpa. Están siendo días muy duros para todos.

—Jessi, Jack no es la persona que tú crees. —La expresión del rostro de la joven le indicó que no iba por buen camino—. Te lo digo en serio. Es un tipo peligroso. A su lado corres peligro. Se rumorea que él, el curso pasado...

Al muchacho le costaba mencionar las atrocidades que supuestamente había cometido el guitarrista del que iba a ser su nuevo grupo. Pero si no lanzaba el mensaje rápido sabía que la chica se levantaría de su asiento y se marcharía sin volver la vista atrás.

—Acabó con la vida de una muchacha de nuestra edad —soltó de sopetón.

Ella permaneció inmóvil. Las palabras resonaron en sus oídos como un eco lejano de voces deformadas. Experimentó en pocos segundos un aluvión de emociones. Primero la atrapó la ira. ¿Cómo era capaz de inventar algo así de Jack? De su Jack, ese chico amable y sensible que tocaba la guitarra. Luego sintió deseos de salir corriendo y no parar hasta llegar a ningún lugar que se convirtiera en algún sitio donde encontrarse. Porque sabía que se estaba perdiendo. Lo sabía. Lo que no se imaginaba cuánto.

Y por último, le fallaron las fuerzas y dudó. Quizá Richard no le estuviera mintiendo. No tenía ningún sentido, ¿para qué exponerse así? Como le solía decir su madre en vida: «la mentira es como la mierda, siempre flota». Inventar un rumor de ese tipo le podía costar muy caro a cambio de nada.

—¿Quién te ha dicho eso? ¿Por qué me haces esto?

Richard sintió como se le encogía el corazón. Provocándole un inmenso dolor en el pecho. Él no quería dañarla. No quería que sufriera. Aunque al parecer era lo único que sabía hacer. 

—Se dice, Jessi, y te aseguro que mis fuentes son fiables, que el año pasado Jack y una tal Diana, salieron una noche...


***


En otra parte de la ciudad, mientras tomaba su taza de café de media tarde, observó como alguien introducía bajo la puerta de su casa, la que podía ver desde el sillón que está al lado de la chimenea, un sobre. Se acercó a recogerlo no sin antes abrir la puerta para intentar descubrir al mensajero. Pero era demasiado tarde. Unos pasos lejanos le indicaron que el cartero sospechoso no quería ser visto. Y recordó un dicho: se dice el mensaje, pero no el mensajero. Rió para sus adentros. Realmente, el refrán rezaba de la siguiente formas : se dice el pecado pero no el pecador. Pero a él le encantaba jugar con las palabras.

Cerró la puerta y volvió al sofá. Abrió el sobre y extrajo unas fotos desgarradoras. ¿Quién era esa chica? ¿Por qué le mandaban imágenes de una joven hospitalizada?

Terminó de vaciar el contenido del sobre. Había un folio doblado en cuatro partes. Lo abrió. Era una carta escrita a ordenador. Con letra arial 12 e interlineado sencillo. Se llevó una de las manos a la frente y se la frotó con fuerza. ¿De qué iba aquello y qué tenía que ver con su hija?

La llamó al teléfono móvil. No respondía. Siguió insistiendo mientras permanecía horrorizado con lo que acababa de leer.


***


En el baúl se había detenido el tiempo. Por las mejillas de Jessica resbalaban lágrimas de desconcierto. La pantalla de su móvil se encendía incesantemente. Su padre no dejaba de llamarla y ella tenía la voz demasiado quebrada como para fingir que todo estaba bien. 

—Lo siento, pero consideré que debías saberlo.